Celestina, un género propio

Pável Pantoja

Cuando leemos La Celestina estamos frente a lo único, sui generis por antonomasia, porque no existe nada parecido en la literatura, antes ni después de ella, por eso es inclasificable.

No sabemos si es didáctica, picaresca o qué.

Reúne las características de tragedia y comedia, tiene el formato de una obra dramática, pero parece que no está hecha para representarse, por lo tanto más parece una novela. No sabemos si es didáctica, picaresca o qué. Su personaje más sobresaliente (como ocurre en algunas obras de Shakespeare) no es la protagonista o protagonistas, es la Celestina, personaje que en apariencia es secundario, incluso desaparece en el auto XII de XXI, pero su presencia es tan fuerte dentro del texto, que no sólo se apropió del título, sino que llegó a convertirse en un término de diccionario y es utilizado en el lenguaje cotidiano. La obra tiene registros altos, citas cultas, así como lenguaje popular y, a veces, hasta soez. Hace referencias a los griegos, los judíos y cristianos, sin embargo, no tiene sentimiento religioso. La obra es misteriosa hasta en la autoría, aunque Fernando de Rojas es el escritor indudable demostrado por varios documentos. Por todo lo anterior, por ese misterio indomable de la Celestina, es una de las obras más imponentes de la literatura universal, se convierte en un género propio que se acaba en sí mismo, irrepetible.

Fernando de Rojas dice, “Otros han litigado sobre el nombre, diciendo que no se había de llamar comedia, sino que se llamase tragedia, pues acaba en tristeza. El primer autor quiso darle denominación del principio, que fue placer, y llamóla comedia. Yo viendo estas discordias, entre estos extremos, partí ahora por medio de la porfía y llaméla tragicomedia”. En la primera edición de 1499 se llamó Comedia de Calisto y Melibea; en 1502, Tragicomedia de Calisto y Melibea. Es probable que Rojas también haya escrito el primer capítulo, y luego negado dicha autoría como un juego metaficcional para excusarse del tenor nada religioso e incluso de blasfemia. Lo anterior es posible si tenemos en cuenta que el autor era converso y además, en su profesión como abogado defendía casos de acusaciones contra judíos y conversos (Baez), por lo tanto una obra que atacara, aunque sea de forma indirecta a la religión, podría ser buena excusa para deshacerse de Rojas.

No parece estar hecha para ser representada: en primer lugar por su extensión, en segundo lugar por el manejo de las escenas…

En cuanto a la forma, la obra tiene una estructura dramática: consta de actos o autos, dramatis personae y el argumento descrito al principio y en cada auto, además del uso de diálogos, por medio de los cuales se marca el tiempo, se cambia de escena y espacio y se sitúa a los personajes. Incluso Menéndez Pelayo tiene problemas para clasificarla, primero afirma “Todo es activo y nada es narrativo”, pero luego se pregunta “¿Cómo prescindir de ella [La Celestina] en la historia de la novela?”. Sin embargo, no parece estar hecha para ser representada: en primer lugar por su extensión, en segundo lugar por el manejo de las escenas, la falta de acotaciones y el cambio de escenarios. Se ha dicho que es una novela dramatizada o un drama novelado. Hay quienes afirman que está hecha para ser leída en voz alta a un público (Adriana Pérez Boluda). En realidad no hay nada claro, pero se ha llevado a representación escénica, y también se lee como novela y en voz alta, se adapta y se transforma junto con las necesidades,  se amolda a la época por lo que sobrevive y sigue entre nosotros.

En cuanto a los diálogos se refiere, algunos parecieran inverosímiles, ya que existen citas cultas en palabras de sirvientes. Sin embargo, cuando leemos la obra no se siente incoherente, porque lo importante es que emerge la humanidad, la caracterización de personajes tanto planos como complejos, la dinámica social, los roles y las interacciones. La Celestina maneja diferentes registros, dependiendo con quién hable, con los sirvientes se muestra más ruda y grosera, les habla como un superior; mientras que cuando habla con Melibea y Calisto utiliza registros más cultos y lenguaje más rebuscado, eso también la humaniza y la hace más real. En la obra se aprecian citas de los clásicos griegos y romanos, aunque también se usan bastantes refranes y expresiones. Este juego de voces, vocabulario y tono hace que la obra tome más relieves, la hace más accesible y divertida.

Todo se convierte en una sátira destructiva y letal.

Jesús Martín Sastre dice, “a mi parecer, en la Celestina todo se derrumba y destruye: la sociedad y la cultura a la que el texto está asentado; el mundo en el que vive el autor y, por supuesto, también la religión. Por ello en la obra no hay sentimiento religioso alguno, ni judaico ni cristiano. Todo se convierte en una sátira destructiva y letal”. Esto lo podemos entender porque la época de Rojas fue de transición: de la edad media al renacimiento, se rescataron los textos clásicos y se les reinterpretó, surgía una nueva clase social: la burguesía; mientras declinaba la aristocracia. Además de que el autor pasa de judío a cristiano, como toda su familia, mientras se percibía el ambiente de miedo y censura, persecución y acusaciones contra los judíos, a lo que le podríamos atribuir la visión pesimista de la obra.

Cada tema de los antes trazados, ha sido desarrollado en muchas tesis y profundizando en cada aspecto de la obra. Cuando estamos frente a una obra maestra, cada página, cada línea aporta algo a la realidad y se vuelve un referente universal porque, de alguna manera, ha logrado vislumbrar algo que antes estaba oculto. La Celestina es un género propio, creado a partir de la originalidad porque captura la esencia de una época de cambios, además, de estar escrita en un estilo único incapaz de ser reproducido. C2

 

Bibliografía:
  • Martín Sastre. El aspecto religioso en la Celestina. 1999. PDF.
  • Enrique Moreno Báez. Meditaciones sobre la celestina. Universidad de Santiago. 2010, PDF.
  • Adriana Pérez Boluda. Voz y cuerpo de la Celestina. 2012, PDF.
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