Democracia, estadística y ciencia

Elecciones históricas en México

Rodrigo Patiño / Cinvestav, Mérida

 

El 1º de julio de 2018 representa un día relevante en la historia contemporánea de México. Justamente, al final de la jornada electoral se comenzó a manejar el término de “elecciones históricas” en cuanto a que se rompieron varios récords. Los Cómputos Distritales han sido publicados por el Instituto Nacional Electoral (INE) a menos de una semana de las elecciones, con la suma del total de las actas federales de escrutinio y cómputo de cada una de las cerca de 157 mil casillas instaladas en los 300 distritos electorales y en el extranjero. Estos votos fueron recontados en un 75 % de los paquetes electorales para las elecciones presidenciales, con el fin de corroborar los conteos efectuados en cada casilla, sin encontrar cambios significativos en los resultados. No obstante que los resultados son ya considerados definitivos para el INE, aún es posible modificar las cifras, pues será viable hacer cotejos de actas o recuentos de boletas, de acuerdo con las sentencias que dicte el Tribunal Electoral bajo la normativa legal.

Un récord fue el número de representantes a elegir.

Un récord que se menciona continuamente es el de la participación ciudadana, que se define como el porcentaje de ciudadanos que votaron, con respecto del número registrado en la lista nominal de votantes. Para las elecciones de 2018, poco más de 89 millones de votantes estaban registrados en la lista nominal, de los cuales votaron menos de 57 millones, es decir el 63.4 %. Este porcentaje está ciertamente arriba del promedio histórico de los últimos 20 años (57.6 %), pero deja mucho que desear cuando se le compara con otras elecciones presidenciales. Históricamente, las elecciones presidenciales tienen mayor participación ciudadana que en las elecciones intermedias, así que este año no estuvimos especialmente arriba de las de 2012 (62.1 %) ni de las de 2006 (58.6 %), y estuvimos por debajo de las del año 2000 (64 %) y especialmente de las de 1994 (77.2 %). Quizás la confusión es porque ciertamente el aumento de la población implica un aumento en el número de votantes en edad adulta, pero en definitiva la participación ciudadana no fue una marca especial de este año. En todo caso, un récord  fue el número de representantes a elegir, más de 18 mil cargos de elección fueron votados en las casillas de los pasados comicios.

Quizás otro récord fue en cuanto a la participación de observadores participantes, que en principio podía ser de hasta dos representantes por partido político, así que virtualmente era posible tener una veintena de observadores en cada casilla (unos tres millones de ciudadanos a nivel nacional), en contraste con los seis funcionarios de casilla (cerca de un millón de ciudadanos funcionarios a nivel nacional). Aunque no se han reportado aún las cifras para representantes de partidos políticos y otros observadores, en 2012 se tenían cerca de 2 millones de representantes de partidos registrados, mientras que en 2006 apenas se llegaba a una cifra de 500 mil registros. Otro récord fue el número de votantes en el extranjero, cerca de 100 mil ciudadanos, en comparación con los casi 41 mil votos en 2012 y poco más de 33 mil en 2006.

Un récord también visible fue la diferencia en puntos porcentuales entre candidatos a la presidencia nacional. Más del 50 % de los votos fueron para uno de estos candidatos, una cifra superior a la suma de los puntos para los otro tres candidatos oficialmente registrados. Este porcentaje contrasta con elecciones de años anteriores, donde la diferencia en puntos porcentuales ha sido pequeña. Es decir, los últimos tres presidentes electos en sexenios anteriores no habían sido elegidos por la mayoría de los votantes. Esto fue generando, justo con otras razones, un marco de desconfianza en las autoridades electorales, en cuanto a que los votantes no veían reflejada su elección en el conteo final.

Los expertos en sistemas computacionales podrán seguramente visualizar a corto plazo unas elecciones electrónicas…

La manifestación de esta desconfianza también tuvo bases en una “caída” del sistema de cómputo, que a decir verdad, aún deja mucho que desear en un siglo lleno de ventajas cibernéticas que permitirían un conteo más simple y rápido. Armar casillas y urnas desechables, así como usar toneladas de papel para listados nominales, boletas y actas electorales, también podrían evitarse. Los expertos en sistemas computacionales podrán seguramente visualizar a corto plazo unas elecciones electrónicas en un marco de alta seguridad cibernética. Mientras tanto, los especialistas en tintas indelebles y en materiales para boletas electorales y marcadores, también deben hacer un enorme esfuerzo por vencer el marco de desconfianza. Días antes de la jornada electoral hubo muchos rumores que hacían dudar de la calidad de los marcadores y ciertamente podían borrarse las marcas de los votos ciudadanos. En elecciones anteriores, la desconfianza estuvo más dirigida a la tinte indeleble para marcar el pulgar de la mano derecha en los ciudadanos que habían ejercido su derecho al voto.

Finalmente, vale la pena comentar que también se hizo un esfuerzo adicional por evitar la discriminación durante todo el proceso electoral, comenzando con la equidad de género. Aquí se antoja comenzar un debate sobre la discriminación de género en el uso de la lengua castellana. Tradicionalmente se utiliza el plural masculino para incluir a ambos géneros (“mexicanos”), pero desde los albores del siglo XXI se ha insistido en hacer discursos políticos que nombren simultáneamente ambos géneros (“mexicanas y mexicanos”). En los medios electrónicos se ha comenzado a utilizar el símbolo arroba (“mexican@s”) o la letra x (“mexicanxs”). Dejaremos esta discusión para l@s lingüistas. Siguiendo con el tema de la discriminación, en los pasados comicios hubo mucha insistencia en la cero discriminación para las personas transexuales, personas con movilidad o vista reducida, lo que representa ya un avance en inclusión social, pero aún falta mucho que desarrollar en la materia con la ayuda de los expertos.

Así que quizás en nuestro país podamos tener mayores éxitos en la democracia si los futuros dirigentes impulsan la ciencia y la tecnología nacionales. En definitiva, también los científicos podríamos ayudar a romper nuevos récords en las siguientes elecciones. No obstante, lo urgente es seguir estimulando una cultura cívica que permita hacernos a todos los ciudadanos partícipes de las decisiones gubernamentales mediante un debate continuo y con propuestas armadas desde la ciudadanía, en un proceso apoyado por el conocimiento científico y tecnológico. La democracia la debemos hacer ejercer todos los días y no sólo en las jornadas electorales. C2

 

Algunas referencias:
Investigador titular en |

Desde 2004, Rodrigo Patiño es investigador en la Unidad Mérida del Cinvestav. Se interesa por la investigación interdisciplinaria; participa activamente como profesor de programas de posgrado y también en actividades de difusión y divulgación de la ciencia.

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