Dogmatización de la ideología libertaria como contradicción revolucionaria

Carmen Zenil / UACM del Valle

 

“El ejercicio del dogma, el funcionamiento de los silogismos dogmáticos, recurre a su propia comprobación tautológica como si esto fuese el criterio de verdad, y presenta esta comprobación, de tal suerte, como la verdad misma”.
José Revueltas

 

los-errores-jose-revueltas-13373-MLM71534112_7678-OLa novela de José Revueltas, Los errores, es una obra que cuestiona profundamente si todo lo que se conoce y ejerce como verdad revolucionaria y actos libertarios es justo, real y absoluto. El personaje Jacobo Ponce es el reflejo de un militante del Partido Comunista Mexicano de los años cuarenta, un hombre sensible que analiza y reflexiona acerca del ser humano y las situaciones a las que se enfrenta y lo determinan. Esta novela nos habla de los comunistas que lograron la unión en un partido como si fuese un yunque sólido lleno de esperanza y de comunistas que se distanciaron y autodestruyeron por negarse el derecho de la duda como posibilidad para el reencauzamiento de una ideología institucionalizada, dogmática y dictatorial –similar, aunque en extremos opuestos, a la de su enemigo de clase–. “Los comunistas del silencio, seres automalditos que velaban sus armas, poco a poco muertas, sin que pudieran compartir, con nadie más, la verdad amarga y desgraciada de su dios, llameante en medio de las zarzas, el dios cuyo nombre, sin embargo, se pronunciaba con la dulzura de un poema: Stalin”[1].

Revueltas emplea analogías religiosas –no sólo en esta obra, sino a lo largo de su vida literaria–, para establecer una crítica al pensamiento revolucionario que se estanca en la enajenación y en explicar de esta forma cómo surgió el punto de quiebre entre compañeros que los llevó a cometer actos de injusticia muy dolorosos en el siglo XX, entre los cuales están los procesos de Moscú que ejecutó Stalin.

“Es que el dogmatismo es el pecado capital de todos los partidos comunistas…

Revueltas refleja constantemente la filosofía de la enajenación, de la dialéctica de la conciencia y de la alienación, porque el contexto político que vivió le llevó a preguntarse si el partido en el que militaba y del que fue expulsado, tenía el rumbo adecuado que un “hombre erróneo” (como él lo denominó) puede seguir como verdad absoluta sin evitar convertirse en dogma. En una entrevista Revueltas dijo: “Es que el dogmatismo es el pecado capital de todos los partidos comunistas, porque mediante el dogmatismo se puede ser oportunista o izquierdista o…; es decir, el dogmatismo es básico, es una enfermedad política del partido”[2].

Los principios revolucionarios están basados en conseguir la libertad para cualquier ser humano en todos los terrenos: físico, mental y espiritual, así como en mantener la equidad y la justicia al momento de ejercer esa libertad. Pensar que la ideología libertaria tiene que institucionalizarse en todo el mundo es una contradicción, independientemente de las intenciones que se tengan alrededor de dicho objetivo, porque esa verdad aparente puede estar fundada en un error o pudo haberse desviado de su causa inicial y no da cabida a la rectificación, debido al orgullo que impera en el ser humano, incapaz de autocriticarse y reconocer la miseria que puede existir en él. Entonces se refugia en estas verdades incuestionables en su afán de parecer purista. Porque es cierta la conclusión de Revueltas:

Las caídas, las injusticias y aun los crímenes en que haya incurrido nuestra causa, son crímenes, injusticias y caídas que comete nuestra misma causa –por más pura e intocada por el mal que la concibamos– cuando se vuelve una verdad concreta para los hombres de una época y un tiempo enajenados. […] el hombre no se encuentra aún a la altura de ese nivel que le permita resistir el desencanto de sí mismo, digamos, la autocrítica radical con la que se humanizará en definitiva[3].

La novela da testimonio del destino que enfrentaban los militantes cuando criticaban la burocracia del partido o cuestionaban sus métodos e ideologías con la tendencia totalitaria a la que había llegado: la expulsión o ejecución (crimen, asesinato, etcétera), no sin antes orillarlos a reconocer su culpabilidad ante los demás miembros del partido para no crear conflictos internos y vulnerar la causa revolucionaria.

Los personajes Jacobo Ponce, Olegario Chávez, Eladio Pintos, Ismael Cabrera y Ólenka Delnova son ejemplos de comunistas verdaderos que padecieron el rechazo y la incomprensión de los compañeros alienados, además de ser abandonados en una especie de desierto humano al no poder ser parte ya de ningún lugar, porque un revolucionario no puede ir con el enemigo, a menos que haya sido siempre un traidor, ya que nadie se transforma de un día para otro; y tampoco puede quedarse con los adoctrinados cuando su pensamiento libre reconoce los excesos que alcanza una ideología dogmática que califica de reaccionario o revisionista a todo aquel que tenga una opinión distinta a la del partido o colectivo. Compañeros que como Ismael Cabrera se atrevieron a lanzar comentarios a los jefes de partidos como Patricio Robles, aunque sea en tono irónico: “La voz del partido es la voz de Dios. –Cierto –replicó Patricio con aire adusto–. No porque Dios exista; eso está descartado. Sino porque nosotros representamos la única verdad, la verdad histórica”[4].

“Todos son culpables hasta que demuestren lo contrario”.

El poder y creer que se tiene la razón son males difíciles de eludir en la naturaleza humana. “Todos son culpables hasta que demuestren lo contrario” es el principio de la dictadura. Las agrupaciones revolucionarias no están exentas de caer en el vicio de implantar una forma de pensar generalizada ni de ejercer la violencia o frialdad como respuesta a los que se contrapongan a la defensa de su verdad al igual que sus oponentes, pero es importante señalar que es una contradicción llamar revolucionarios a los que mantienen una postura ideológica libertaria –sea cual fuere la trinchera– rodeada de fanatismo dogmático.

“Entonces Los errores constituye el lado oscuro de la conciencia, la conciencia deformada, la conciencia dominada, sometida al poder de las cosas, del dinero, o a la estructura partidaria alienante”[5]. La conciencia de los que han cegado su razón ante un lugar común dentro de la lucha revolucionaria, personas que manejan incluso una doble moral, la falsa conciencia que detecta Evodio Escalante en su ensayo sobre la filosofía del mundo invertido en la obra de José Revueltas.

La gran preocupación de Revueltas y el objetivo de su literatura comprometida es la desenajenación en todos los sentidos, sobre todo en la conciencia social. Además porque él veía al arte como un medio para la liberación.

El escritor […] debe militar en los partidos, ayudar en los sindicatos y ser, en suma, sin que esto implique apartarse en sus tareas literarias, un trabajador social…

…Debemos orientar nuestra literatura, en primer lugar, a adquirir calidad y oficio y simultáneamente a responder en forma generosa y apasionada a los intereses más profundos del hombre en trance de salir del mundo de tinieblas que nos rodea.

[…] La ciencia nos da sistemas lógicos muy útiles, aplicables a la realidad. El arte puede tomar prestado algo de esos sistemas, pero siempre quiere llegar más hondo[6].

Ensayo sobre un proletariado sin cabeza es otra obra en la que Revueltas explica cómo se origina esta enajenación. Evodio Escalante sintetiza:

En efecto, lo que Revueltas acaba declarando, es que el proletariado mexicano tiene sobre sus hombros una cabeza que no es la suya. Esta diferenciación espacial, esta dislocación, este trueque macabro está en la raíz de su falsa conciencia, y por lo tanto, de su enajenación. Lo que Revueltas da a entender es que el proletariado mexicano piensa con una cabeza ajena, con la cabeza que le ha prestado la burguesía en el poder[7].

En Los errores se evidencia, a través del pensamiento de Ismael Cabrera, cómo se desdobla una idea en pensamiento, el pensamiento en silogismo y el silogismo en “teología roja” que da como resultado los anatemas entre compañeros. Revueltas cita algunos ejemplos de estos silogismos en su novela como:

“La clase obrera es la clase más revolucionaria; el partido comunista es el partido de la clase obrera; ergo, es el partido más revolucionario.” “El proletariado es la vanguardia de las demás clases oprimidas; el proletariado triunfante de la Unión Soviética es la vanguardia del proletariado mundial; ergo, la URSS es la vanguardia de la revolución en todos los países de la tierra.” “Stalin fue el mejor discípulo de Lenin; Lenin fue el más grande continuador del marxismo; ergo, Stalin es el más grande continuador del marxismo.”[8]

La novela acerca a una realidad imperante en las políticas oficiales de derecha y de izquierda, que no han cambiado en mucho con el paso del tiempo al recurrir a los mismos sistemas de opresión y alienación ideológica, dejando a un lado la importancia de construir un pensamiento libre y crítico para consolidar la evolución humana. Se ha dicho que en todo proceso social, el avance se vislumbra al ritmo del compañero más lento y que no se debe someter, sino convencer a las masas de seguir un ideal.

La dificultad es cómo desenmascarar, hacer entender que existe la idolatría y que alguien puede autonombrarse líder, revolucionario, caudillo, libertador, anarquista, presidente, etcétera y llegar a ser falso y contrario a estos valores.

La comprobación de la mentira con la mentira, de la falsedad con la falsedad, del error con el error: pensamiento y práctica que se identifican como hermanos gemelos en la metafísica y el dogma. […] B es igual a B (correcto desde un punto de vista formal), pero si B, además, es un error, ¿cómo disimular el error, cómo presentarlo al revés, en condición de su contrario? Puesto que el error del pensamiento es igual al error de su práctica, el dogmatismo se refugia, entonces, en la comprobación en sí, presentándola como el fin y el remate del proceso[9].

El poder, el centralismo y totalitarismo que buscaba el Partido Comunista Mexicano bajo la influencia de la URSS en el tiempo posterior a Lenin y la falta de tolerancia entre la divergencia de pensamientos, entre otras razones, fueron los motivos que provocaron la división de la unidad proletaria y que le dio ventaja al capitalismo para instaurarse como medio de producción mundial.

Hablar de Revueltas y su obra literaria es abrir la puerta a muchas dimensiones del ser humano. José Mancisidor ha equiparado a este autor mexicano con el escritor ruso Dostoievski por la capacidad de introducir al lector en las distintas facetas de los personajes en los que se identifican los matices de su propia conciencia.

Revueltas se ha descrito como: “un fruto de México, país monstruoso al que simbólicamente podríamos representar como un ser que tuviese al mismo tiempo forma de caballo, de serpiente y de águila. Todo es entre nosotros contradicción”[10]. En Los errores podemos observar a través de Jacobo Ponce que el ser humano es un caos que trata de dar orden a los laberintos de sus pensamientos, porque sólo cuando se tiene conciencia se reconoce que somos “seres erróneos” y a partir de ese hecho tratamos de dar forma con convicción a lo que creemos más cercano, a la congruencia y a la verdad. Revueltas al estudiar a los filósofos ingleses contemporáneos como Russell, citó “el mundo es mi idea, fuera de eso no hay nada real, existente”[11]. De este modo es como se da esperanza al mundo que alimenta nuestras sombras.

Evodio Escalante sintetiza esta idea también cuando escribe acerca de la tesis central del libro “Los errores”:

“el hombre es un ser erróneo; un ser que nunca terminará por establecerse en ninguna parte: aquí radica precisamente su condición revolucionaria y trágica, inapacible” (Revueltas 1979: 67). Dada esta premisa, el hombre está condenado en tanto especie a no poder hacer coincidir nunca el sujeto con el objeto, el pensamiento con la cosa, la idea con la realidad. […] en algún punto del espacio y del tiempo por venir tendría que existir un “ente” que él llama raciomorfo —subrayo el atrevido neologismo— desde cuya perspectiva privilegiada, el hombre actual, el habitante del siglo XX, no sería sino un bípedo pernicioso, una forma extraña y alucinante de la conciencia. El supuesto de este “ente” constituido por la más pura y absoluta racionalidad, un ser que miraría el espectáculo humano “desde el más distante porvenir; desde ese punto del futuro a donde se supone que el ser humano llegará […] a través del proceso de realizarse en la identidad con su otro yo del cosmos”, le funciona a Jacobo Ponce, y a través de él, a Revueltas, a la manera de un dispositivo especular a partir del cual puede vislumbrarse hasta qué grado la pretendida racionalidad del hombre se encuentra de hecho “en la más primitiva fase de la autofagia”. Es decir, de la bestialidad carnívora en la que habita una conciencia, es cierto, pero una conciencia nihilista y autodestructora que no lleva a ninguna parte, “rabiosa, enloquecida, febricitante y violenta, en lucha contra su propio ser en el tiempo […]” (Revueltas 1979: 78)[12].

El poeta León Felipe mencionó en uno de sus poemas que “al hombre no le han salido ni los dientes ni los sueños”. La conciencia es un recién nacido que no ha sido forjado del todo, un niño que llora para que su madre le otorgue un capricho. Hay que tener presente que la verdad no es un bien que se adquiere por gracia divina; quizás el hombre dejó de ser digno hace mucho y por ello no la alcanza, pero puede vislumbrarla y merecerla, con base en el gran trabajo doloroso de la autocrítica humilde que le llevará al destino inevitable de la liberación.

El libro de José Revueltas tiene diversas situaciones que reflejan de forma paralela esta negación a la transformación del pensamiento enajenado. La historia de El muñeco y Luque es una metáfora de la tragedia de lo que es inevitable vivir, pese a que existe una lucha por evadir ese destino que quiere atar y no desencadenar a los personajes, sean comunistas o lumpen proletarios.

Revueltas encuentra en cada uno de sus personajes el lado humano, comprende sus contradicciones y el sufrimiento que padecen.
Revueltas encuentra en cada uno de sus personajes el lado humano, comprende sus contradicciones y el sufrimiento que padecen.

Revueltas encuentra en cada uno de sus personajes el lado humano, comprende sus contradicciones y el sufrimiento que padecen en la profundidad de sus luchas internas que llevan a cabo para continuar enfrentándose a una realidad agobiante que puede llegar a vencerlos. El muñeco intenta robar dinero suficiente para dejar la vida de padrote e irse lejos con Luque, porque aún en su pensamiento enajenante, se da cuenta que también puede polarizarse y ser capaz de amar, tan sólo por el hecho de evocar la época en que estuvo con su madre y por el honor que le tiene a su recuerdo. Luque pretende escapar de El muñeco para dar por terminada una vida de denigración que empieza desde que su madre aborrece su nacimiento. Ismael Cabrera, Olegario Chávez y Jacobo Ponce aspiran a ser razonables en la realización de su ideología cuando perciben que otros compañeros suyos han sido abandonados a la expulsión en formas injustas; cuando se dan cuenta que han llegado a cometer asesinatos, aunque el partido justifique el hecho, ya que se ejecuta por el bien del pueblo, a pesar de que el pueblo mismo ignore lo que representa su bienestar.

Esta frágil línea entre lo correcto y lo incorrecto, entre la luz y la oscuridad, entre bondad y maldad, lo justo y lo injusto, los eternos opuestos que se tocan en sus extremos cuando no se ha logrado el equilibrio entre ellos, son el abismo que separa a la humanidad y no le permite evolucionar hacia la libertad, que no es otra cosa sino autogestión revolucionaria sin imponer nada a nadie, lograr la unidad a través de la convicción general de ir por el camino de la verdad siendo autónomos.

Referencias

[1] José Revueltas, Los errores, Ed. Era 9ª reimpresión 2011, México, D.F. (p. 191).

[2] Jorge Fuentes Morúa y Ezequiel Maldonado, “Los errores: literatura, filosofía y política”. UAM-I, UAM-A. (p.92).

[3]José Revueltas, op. cit. (p. 198).

[4] José Revueltras, op.cit. (p. 269).

[5] Jorge Fuentes Morúa y Ezequiel Maldonado, op-cit. (p. 27).

[6] Ibídem (pps. 25-26).

[7] Evodio Escalante, “El tema filosófico del “mundo invertido” en las novelas de José Revueltas, UAM-I. Signos literarios, 2007 (p. 118).

[8] José Revueltas, op. cit. (p. 271).

[9] Ibídem (pp. 271-272).

[10] FIM José Revueltas, “José Revueltas: vida, obra, estudios” (p.4).

[11] José Revueltas, “Las evocaciones requeridas, I”, Era, México, 1987.

[12] Evodio Escalante, op.cit. (p. 123)

Aún sin comentarios

Escribe una respuesta

Tu correo electrónico no será publicado.

Puedes usar estas etiquetas de HTML y los atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

 

Revista digital de la Asociación Leonardo da Vinci Divulgación y Promoción A.C.

SÍGUENOS EN