Dos décadas de Re

Alfredo Araujo

Lo único que tenemos del tiempo es una representación cíclica y lo que queda en nuestras memorias.

Las horas, su composición, el paso de las mismas y lo que se gesta dentro de ellas como gran taller de la creatividad humana, nos marcan y nos obligan a fijar hitos en la historia de nuestras vidas.

Sin ser rock lo era, que sin ser folclorista lo era y que sin pretensión ni intención se convertía en la banda sonora de miles…

Eso es lo que precisamente sucede con Re, segundo disco de estudio de Café Tacvba, el cual en medio de un México que lidiaba con una de sus peores crisis económicas, venía a diluir los convencionalismos sociales que el imaginario colectivo había puesto en rededor de lo que ya para ese 1994 se señalaba abiertamente en los limitados medios como “rock mexicano”. Un disco raro, que sin ser rock lo era, que sin ser folclorista lo era y que sin pretensión ni intención  se convertía cada vez que sonaba, en la banda sonora de miles… de millones.

El nuevo ritmo del desamor despreocupado nacía con La ingrata, se perdía en la nostalgia resignada de Esa noche y celebraba al amor puro con El baile y el salón. Así, sin que los integrantes de Tacvba sospecharan el potencial de este disco, Re musicalizaría viajes largos en carretera, conclusiones de juergas, contemplaciones en la playa y serviría como un marco que adornaría las miles de amistades forjadas a partir de encontrar el punto de comunión con el otro y al que a través de la música (de la música de Re) comenzaron a llamar amigo.

Los tacvbos vinieron, unieron y vencieron. Tocaron raíces y fibras sensibles de una generación que buscaba de entre todas, definirse en medio de los forzados estereotipos que, incansablemente, el mundo adulto se empeñaba en crear sobre una adolescencia ávida de encontrar aquellos referentes que les permitieran comenzar a formar un imaginario musical en su propio país.

Re es un paseo, un ciclo y una aventura para aquellos que desde siempre han celebrado la inclusión, la consideración y el proceso de humanización

Re es un paseo, un ciclo y una aventura para aquellos que desde siempre han celebrado la inclusión, la consideración y el proceso de humanización y apropiación de la música. Cuando se habla de que algo, lo que sea, está hecho con todo el corazón, este disco es sin duda una gran síntesis de esa frase.

Celebremos pues, que en 1994, la escena musical de nuestro país conocería un disco que llegaba a mostrar qué hay más allá de ciertas percepciones preconcebidas. Por su parte, despacito, lentamente, nosotros aprendíamos a tomarle cariño a las diversas pistas contenidas en Re y a la  particular tesitura modular de Rubén Albarrán.

Desde aquí, deseo que esta banda pueda continuar sin contratiempos cosechando discos y canciones de su fértil huerto musical y también, musicalizando la vida de miles… de millones. C2

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