El cuestionamiento de las estadísticas

Eduardo Escalante Gómez

 

estadisticas
Mark Twains, “There are lies, damn lies, and statistics”.

 

Históricamente, las estadísticas se pensaron para ofrecer puntos de referencia estables para cada uno de nosotros –independientemente de si se podría estar de acuerdo o no. Recientemente, y no sólo por el resultado de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, se han generado niveles de confianza divergentes sobre ellas, respecto de lo que significan para el desarrollo de las democracias liberales. Esto se ha intensificado por el impacto que han tenido los procesos actuales de inmigración y el multiculturalismo. No necesariamente las estadísticas han sido de algún aporte.

Se estima que su habilidad para representar el mundo, está en declinación.

Se estima que su habilidad para representar el mundo, está en declinación. Más aún, se considera que ha disminuido su autoridad en política, economía, cuestiones públicas. Se podría decir que está en el corazón de la crisis que se ha conocido como “la política posterior a la verdad”. Indudablemente hay incertidumbre, lo que ha llevado a que las actitudes hacia la experiencia cuantitativa estén cada vez más divididas.

Es indudable que la ceguera a la variabilidad cultural local, a las variaciones culturales desconocidas o silenciadas, son precisamente lo que hace que las estadísticas sean limitadas y potencialmente ofensivas.

Hay quienes las ven, cuando se asocia con la política, como la conformación de argumentos elitistas, antidemocráticos, y ajenos a los estados emocionales de las personas en sus comunidades y naciones. Se perciben como una forma a través de la que determinados grupos de poder en Londres, Washington DC o Bruselas, buscan imponer su visión del mundo en todo el planeta, dejándonos sin fronteras culturales y éticas.

En la otra vereda, se representa las estadísticas como todo lo contrario a lo elitista. Permitirían a los periodistas, ciudadanos y políticos discutir la sociedad como un todo, no sobre la base de anécdotas, sentimientos, o prejuicios, sino mediante maneras que se pueden validar.

Se piensa que la alternativa a la experticia cuantitativa no sería democrática y generaría que editores de tabloides y demagogos provean su propia “verdad” –su verdad interesada- de lo que está ocurriendo en una determinada sociedad.

¿Hay una manera de salir de esta polarización? ¿Se debe elegir simplemente entre una política de los hechos y una de las emociones, o hay otro modo de mirar la situación?

Una forma de hacerlo sería visualizar las estadísticas a través de la historia. Tenemos que tratar de verlas como lo que son: ni verdades incuestionables, ni conspiraciones de élite, el objetivo más bien ha sido generar herramientas diseñadas para simplificar el trabajo de los gobiernos, sea para bien o no. Unos las eligen para corregir, otros para ocultar. El oportunismo no está ajeno a lo que ocurre con ellas.

Desde una perspectiva histórica, podemos verificar el papel crucial que la estadística ha tenido en nuestra comprensión de los estados nacionales y de su progreso. En este escenario, dejar la estadística de lado plantea la cuestión alarmante sobre cómo se podría continuar teniendo ideas comunes sobre la sociedad y el progreso colectivo.

Desde la antigüedad se venían aplicando el uso de censos…

La historia revela que, en la segunda mitad del siglo 17, a raíz de los conflictos prolongados y sangrientos, los gobernantes europeos adoptaron una nueva perspectiva sobre la tarea de gobierno, se centraron en las tendencias demográficas -enfoque que hizo posible el nacimiento de la estadística moderna. Desde la antigüedad se venían aplicando el uso de censos, posteriormente se usaron para comprender el desarrollo de la población y no simplemente para localizar las fuentes de valor estratégico de poder y riqueza.

El aporte de las ciencias naturales fue muy inspirado y profundo para el desarrollo de la estadística. Se elaboraron medidas normalizadas a partir de conocimientos técnicos y matemáticos; su desarrollo pasó a ser un objetivo en sí mismo, en orden para perfeccionar este tipo de herramienta analítica.

La aparición a finales del siglo 17 de asesores gubernamentales hizo que la autoridad científica, en lugar de perspicacia política o militar, representara la voz de la certidumbre, esto dio origen al concepto de “experto”.

La escala de medida se amplió desde lo parroquial a lo nacional.

Durante la segunda mitad del siglo 18, los estados europeos comenzaron a recoger más estadísticas del tipo que conocemos hoy en día. Se generaron estudios sobre diversas cantidades: nacimientos, muertes, bautismos, bodas, cosechas, importaciones, exportaciones, las fluctuaciones de precios. La escala de medida se amplió desde lo parroquial a lo nacional.

Fue quedando claro que no todo lo que es una determinada población, puede ser captada por las estadísticas. Siempre hay una elección implícita en lo que se incluye y lo que se excluye, y esta elección puede convertirse en un tema político.

El hecho de que el PIB sólo captura el valor del trabajo remunerado y excluye el trabajo realizado tradicionalmente por las mujeres en el ámbito doméstico, ha hecho que sea un objetivo de la crítica feminista desde los años 1960.

En Francia, desde 1978, ha sido ilegal recoger en los datos del censo, la etnicidad.

En Francia, desde 1978, ha sido ilegal recoger en los datos del censo, la etnicidad. Tales datos pueden ser usados para fines políticos racistas. (Esto tiene el efecto secundario de hacer que el racismo sistémico en el mercado de trabajo sea mucho más difícil de cuantificar.)

La imagen de la estadística como una ciencia imparcial de la sociedad es sólo una parte de la historia. La otra parte se refiere a cómo potentes ideales políticos, de uno u otro modo, se han desfigurado a través de técnicas de contención: “política basada en la evidencia”, la racionalidad, el progreso y la nacionalidad basan en hechos.

Entonces, llegamos a la situación actual en la que hay quienes piensan en una sociedad pos-estadística. Este tipo de proposición es potencialmente alarmante, no porque se carecería de formas de verdad o experticia, sino porque drásticamente se privatizaría. Las estadísticas son los pilares del liberalismo. Los expertos que las producen y usan han sido descritos como arrogantes y ciegos a las dimensiones emocionales y locales de la política.

No hay duda que hay muchas maneras de recopilar datos que se pueden adaptar de modo que reflejen mejor las experiencias vividas. La batalla necesaria en el largo plazo no es entre la política de los hechos de la elite versus la política de los sentimientos. Es entre quienes están comprometidos con el conocimiento público y la discusión pública y aquellos que se benefician de su actual desintegración.

En síntesis, el problema real, en la nueva etapa del control de los grandes datos (big data), es que estén controlados por empresas privadas, colocando la democracia en peligro. Por otro lado, los datos estadísticos serán solamente creíbles si las personas aceptan el rango limitado de las categorías demográficas que ofrecen. Además, hoy vivimos una realidad en la que los datos se capturan primero y las preguntas vienen después.

Extensión e intensidad son dos conceptos que se tendrían que profundizar a través de los números.

No se puede seguir subestimado el hecho de que nuestro sentido de “interés público”, se basa en los cálculos de los expertos en oposición a las instituciones democráticas. El dominio de los números en la esfera pública es algo que requiere ser analizado y re-interpretado dado que se percibe cierta “lejanía” con lo que realmente se está experimentando en la sociedad y que no necesariamente es un “mundo imaginado”. Extensión e intensidad son dos conceptos que se tendrían que profundizar a través de los números.

Se requiere una nueva forma de analizar los grandes volúmenes de datos y el uso de la estadística como herramienta. Es decir, no sólo hay un problema con la interpretación de las estadísticas, sino también con cuestiones propias de la herramienta para describir y analizar “lo que es”. Podemos distinguir entre los deberes de la recopilación de los datos versus la opacidad del procesamiento de los datos. No hay escalas fijas de análisis, por ejemplo: no hay categorías definitivas tales como “desempleo”. Se requiere la búsqueda de patrones, tendencias, y situaciones emergentes en un mundo con tantas dinámicas sociales, antropológicas y culturales emergentes. Investigar identidades es la tarea estratégica más que imponer clasificaciones que van mostrando su obsolescencia. Se requiere nuevas formas de agregación, en una época en que la fluidez de la vida pública es distinta. Lo que idealmente se había sostenido por largo tiempo ha ido perdiendo sistemáticamente su validez; se ha desfigurado el papel del Estado como guardián del interés público.C2

Investigador y escritor. Ha publicado diversos artículos científicos en revista con referato en Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Nicaragua, España; y poemas en la Revista Nagari, Signum Nous (Estados Unidos) Revista Cultural C (México), Revista Ariadna (España), entre otras y diversos sitios en la Web.

9 Comentarios
  1. Excelente articulo. Personalmente opino que lo que dice el autor, tiene una raíz en la falta del conocimiento de la noción de probabilidad. Nuestra educación ha sido basada en lo puramente determinista y la idea de los “probable” o “incierto”no encaja en los estándares educativos. Se ensenia a los ninios a siempre las mismas causas provocan los mismos efectos, sin embargo, todo ciudadano mira el pronostico del tiempo, sin cuestionarse que se trata solo de eso de un pronostico, algo que puede ser posible, pero que escapa de toda certeza. Considero que no estamos entrenados en la idea de azar y todo lo que esta conlleva. Sumado a esto, existen los mal intencionados que manipulan en provecho de un grupo los números considerados “verdades absolutas” sin poner al descubierto posibles factores que los estén condicionando. En todos los casos, ciudadanos “analfabetos estadísticos” son presa fácil de cualquier manipulador de datos. Mi sugerencia es que se ensenie a los ninios a mirar mas allá de los números. Felicitaciones al autor y gracias por publicar este tipo de artículos.

  2. Me parece que el escrito confunde de pronto la estadística (en sus partes descriptiva e inferencial) con las encuestas, y rehuye hablar abiertamente de la explicación más simple a muchas de las observaciones expuestas: la falta de rigor técnico debida a los intereses mercenarios de quienes se encargan de elaborar los análisis, desde el diseño muéstral hasta el tratamiento de los datos, en donde efectos sociales bien estudiados en la mercadotecnia (como el bandwagon, por ejemplo) son explotados en la manipulación de las percepciones populares mediante resultados confeccionados a la medida del cliente. Pero esto no tiene nada que ver con la estadística en general, sino en particular con un problema de falta de ética y de un marco legal adecuado para prevenirlas y castigarlas.

    1. Gracias por su tiempo. Todo comentario es siempre importante para el desarrollo de las ideas. Su texto tiene tres componentes.

      El primero es el último y más extenso, lo comparto en an medida, salvo la nueva alusión a la estadística, esto es “..no tenga nada que ver…”, lo que coincide con la preciación del primer punto suyo, desde mi punto de vista debatíble, pero un punto de vista que lo consideraré.
      Entonces, el segundo componente es lo referido a la confusión, reiteró que es un punto de vista analizable y debatíble.

      El tercer componente es la palabra “rehuye”. Para responder, recurro al diccionario de la Real Academia de la Lengua que dice:tratar de evitar algo”. Una cosas es omitir deliberadamente, lo que puede resultar en una acusación, otra por omisión no deliberada no incluir un argumento, y finalmente no incluir porque no forma parte del argumento. En mi caso, podría asegurar que fue lo segundo, Me imagino que usted incluye su comentario con este sentido. No entendería una acusación.

      Insisto, agradezco el conocer su opinión.

    2. Gracias por el comentario, me imagino que “algo” positivo tiene el escrito. Solamente tres consideraciones:

      1. La segunda parte de su escrito la comparto totalmente.
      2. La “aparente” confusión es para discutirla, pero requeriría otro escrito, de todos modos es importante aclararla, no olvidar que las encuestas se tratan con análisis estadísticos, por lo tanto, no entiende el sentido de separar ambos temas. Se supone que la encuesta busca obtener “hechos observables” a través de preguntas o indicadores, y éstos se analizan estadísticamente. Pero bueno, es muy posible que esto no lo haya dejado claro.

      3. Usted dice: “rehuye hablar abiertamente”. Según la RAE:

      REHUIR:

      Significa ‘tratar de evitar [algo o a alguien]’

      ¿Qué le hace asumir esto? Si uno no incluye algún elemento en su argumentación, no significa que hay detrás alguna intencionalidad, que pudieres resultar perversa. En mi caso fue una omisión, pero asumir intencionalidad “abiertamente”, me parece que es un juicio que excede un análisis objetivo. De todos modos, es su derecho a argumentar desde sus estructuras de análisis, lo que respeto, pero no comparto.
      Reitero, mi agradecimiento al tiempo que ha tomado para hacer una lectura y elaborar comentarios.

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