El futuro, más allá de la distopía

Eduardo Escalante Gómez

La imaginación especulativa es una capacidad humana clasificada como de orden superior, que permite explorar el no-aquí y el no-ahora.

Hasta cierto punto actualmente se opera así. Pero estas exploraciones están limitadas por los supuestos culturales instalados. Hay otras áreas que explorar, que, tomadas seriamente, podrían influir simbólicamente de manera suficiente para ser calificadas como imágenes deseables de los futuros. Podrían actuar como imanes para la realización de las posibilidades que actualmente están oscurecidas.

The walking dead
The walking dead

Distopía es un tema poderoso en la cultura contemporánea. Considérese los films Mad Max, The Walking Dead, The Hunger Game, e incluso la fantasía de la serie Game of Thrones. Uno podría argumentar que el género ficcional de fantasía, se caracteriza a menudo por un sentido de distopía, mundos pos apocalípticos en los que las personas deben sobrevivir mediante el poder bruto y astucia.

No obstante, podemos dar un paso atrás y aplicar el concepto al mundo y paisajes que nos rodean hoy. Indagando en la imaginación de algunos de los principales escritores, cosas terribles han sucedido.

Estas visiones de distopía que han conquistado la imaginación creativa y pública, las encontramos en novelas y dramas en el siglo pasado y en el actual. Podemos citar la obra de Orwell 1984, Dr. Who, The Prisoner, Edge of Darkeness entre otras. Las referencias a 1984 han pasado a ser parte de nuestra cultura. La ficción sobre el futuro cercano está poblada de dictaduras y conspiraciones.

Matrix
Matrix

La mayor parte de los escritos sobre las distopías hacen referencia al control social opresivo y a la ilusión de una sociedad perfecta. Se alude al control corporativo, burocrático, tecnológico, filosófico o religioso. Matrix, The Terminator, Robot son algunos de los films que ponen en el escenario las distopías.

Según el diario The Guardian de Gran Bretaña diez de las mejores distopías literarias y fílmicas son: The Handmaid’s Tale (Margaret Atwood, 1985), distopía feminista; The Trial (Franz Kafka, 1925), la irracionalidad de las administraciones; The Giver (Lois Lowry, 1993), una mezcla de profundo escepticismo e un idealismo socialmente consciente que altera a los adolescentes del siglo XXI; Watership Down (Richard Adams, 1972) es el reto de la reproducción lo que impulsa el conflicto de clase y de casta; La Jetée (Chris Marker, 1962), una proyección construida empíricamente y filosóficamente en la búsqueda de un futuro como nuca se ha proyectado; Gattaca (Andrew Niccol, 1997), preocupación por las clonaciones y la manipulación genética; Ur Varselklotet (Simon Stålenhag, 2014), visiones distópicas en el arte moderno que están dominadas por el tipo de paisajes de ciencia ficción llamativos más adecuados a las portadas de álbum de rock; Diamond Dogs (David Bowie, 1974), la versión fílmica que hace Bowie de la novela de Orwell 1984; The ArchAndroid (Janelle Monáe, 2010), un robot mesiánico Cindi Mayweather, es enviado desde el futuro para rescatar a los ciudadanos de Metrópolis – una alusión a la piedra esencial de la ciencia ficción de 1927 de Fritz Lang, no es casualidad -que el régimen opresivo y niega el amor de “The Great Divide”; The Simpsons (Time and Punishment, 1994), se nos da sólo un pantallazo del futuro en este episodio de Halloween de 1994, pero no puede haber ninguna distopía más aterradora que una gobernada por el vecino de la familia de los cabezas amarillas, Ned Flanders.

“Aquí es donde trazamos la línea” y “nunca vamos a ir tan lejos”

A pesar de sus argumentos sombríos, estas distopías han sido a menudo extremadamente populares. Son muchos los observadores, lectores que miran la destrucción de la sociedad y dicen, “aquí es donde trazamos la línea” y “nunca vamos a ir tan lejos.” Es un concepto reconfortante, saber que hay una peor manera de vivir, especialmente en el reciente clima económico y político incierto.

Se generan escenarios que para algunos es emocionante “vivir” a través de un personaje que hace algo que probablemente nunca haremos.

¿Qué es exactamente una sociedad distópica?

La distopía se define como una sociedad caracterizada por la pobreza de las masas, la miseria, el sufrimiento o la opresión, que la sociedad a menudo ha generado sobre sí misma. Estas sociedades distópicas aparecen en muchos sub-géneros de la ficción y se utilizan a menudo para llamar la atención a las ediciones del mundo real con respecto a la sociedad, al ambiente, a la política, a la economía, a la religión, a la psicología, a la ética, a la ciencia, o la tecnología.

En el entretenimiento distópico apocalíptico, la atracción reside en el pensamiento de que tal vez deberíamos volver a una vida más simple, y tal vez podríamos sobrevivir y ser más felices después de un evento catastrófico.

Cuando alguien con frecuencia es testigo de la destrucción y el caos, se puede volver insensible a ellos.

Se estima que mientras que los films o novelas distópicas pueden ser inspiradoras, provocadoras de pensamiento y propulsoras de acción, por otro lado, pueden causar desensibilización. Si alguna vez le han dicho que haga algo, lo ha incorporado en su cerebro, puede lo que lo convierta en un hábito o simplemente lo ignore. Cuando alguien con frecuencia es testigo de la destrucción y el caos, se puede volver insensible a ellos. Se naturaliza, se ve como una ocurrencia normal, es lo que pasa cuando se ven las noticias todos los días. Las historias de las muchachas que fueron secuestradas y luego encontradas al lado de la carretera semanas después, los desastres naturales que dejaron a miles de personas sin electricidad o agua por días, semanas, las personas desaparecidas y la muerte de cientos de soldados e insurgentes.

Nuestras sociedades se están volviendo menos empáticas…

Tal vez, esto podría estar profundizando que nuestras sociedades se estén volviendo menos empática no sólo con ideas, sino también con las personas. Un aspecto que se trata desde el análisis de las distopías es el “utilitarismo intolerante” con una tendencia regresiva hacia estados más primitivos y la ideología de comunicación digital que se aleja de la naturaleza de lo cotidiano vivido espontáneamente. Amabas aparecen como debilidades humanas con posibles consecuencias en la moral de las personas y la incapacidad para diferencias el bien del mal. Sin embargo, hay supuestos de las distopías que es necesario examinar.

Se tiende a estimar el futuro desde un marco binario predeterminado. La mayoría de las historias, las imágenes y las antecedentes serios de los escenarios del próximo futuro caen en uno de dos grupos.

El primero tiene una visión tecnófila e ingenuamente optimista. El desarrollo y el crecimiento continúan sin disminuir; la humanidad supera los límites terrestres y alcanza el espacio sideral. Hay una larga tradición de este tipo en el futurismo americano.

Terminator Two
Terminator Two

El segundo, más dominante, representa un futuro sombrío en el que los sueños de progreso interminable y el desarrollo económico caen en un abismo de entropía, violencia y desesperación. Correspondería a algo parecido a Terminator Two, dado que este film popular contiene muchas de las imágenes y temas que componen este tipo de futuro: la civilización amenazada, guerra con las máquinas, holocausto nuclear, etcétera.

Se puede observar como que las nociones de progreso se han inscrito, indeleblemente, dentro del inconsciente colectivo, pero en la actualidad, se observa pensamientos en términos de un futuro binario que reflejaría la tendencia humana hacia la construcción de polarizaciones. O se opta por el optimismo o por el pesimismo.

En este contexto, uno se pregunta: ¿cuál es el papel de la imaginación especulativa en los escenarios que vivimos y se estima que se desarrollarán? Se puede sugerir que habría que completar razón y racionalidad, esto es, pensar en diferentes imágenes, a menudo divergentes que perfectamente pueden ser opciones plausibles. Puede haber realidades que se encuentren más allá de la razón y del análisis instrumental; que requieran una gramática diferente para pensar posibilidades futuras para lo que se requeriría capacidades de especulación, imaginación e innovación social.

Esto significa que para pensar el futuro se requiere ir más allá de las distopías.

Habría que generar la búsqueda de la sabiduría por encima del poder técnico bruto. Esto es, una cultura perpicaz e imbuida en la conciencia transpersonal.

En la actualidad el sentido de futuro o está ausente de la conciencia cotidiana o se lo piensa de manera binaria, a menudo con un desliz hacia lo destructivo con negación de las formas emergentes, algunas lo ven como el nuevo Sodoma y Gomorra. Girar el eje hacia un futuro en el que vale la pena vivir, requiere el desarrollo de la conciencia humana y la visualización de una gran cantidad de futuros. Muchos de éstos existen, pero permanecen culturalmente marginados. A partir de estas variaciones se pueden reformular las agendas existentes.

Se requiere entender que las sociedades y culturas no son meramente impulsadas por el pasado…

Se requiere entender que las sociedades y culturas no son meramente impulsadas por el pasado, sino que responden a las posibilidades futuras, de allí, lo atractivo de agregar el concepto de presente futurizable. En esta visión, el futuro se hace tejiendo y volviendo a tejer elementos preexistentes y enteramente novedosos generando un nuevo tapiz cultural.

Cuando se restablece una relación correcta entre la gente, la cultura, la tecnología y la naturaleza surge un nuevo universo de opciones. Es por ello que, en un período de penumbras con una penetrante sensación de inseguridad y amenaza, podemos mirar hacia adelante y discernir futuros más allá de la distopía.

El gran aporte de la distopía es que nos permite profundizar nuestros niveles de conciencia respecto de la dignidad humana, la necesaria crítica a las tecnologías modernas que pueden conducir a nuestra degradación; las aplicaciones genéticas indiscriminadas, la hiper-realidad, entre otros fenómenos que afectan la mente y el cuerpo humano. Pero se requiere ir más allá del pesimismo y la catarsis sobre el cómo y el dónde ocurre lo peor posible.

“Un mañana posible para una sociedad justa”

Quisiera cerrar este escrito con el siguiente concepto: “mañana posible para una sociedad justa”, con un núcleo ético sólido (ética cordial de Adela Cortina), no solamente unos mínimos, y con un contenido utópico basado en la imaginación constructiva y plausible que aterrice las posibilidades de lo real (realismo). Aclarando que, frente a la disconformidad ante la realidad, el primer paso son las preguntas necesarias y fundamentales para estimular al ser humano en su persecución de la felicidad, y no el pragmatismo ciego de las respuestas sin preguntas. C2

Investigador y escritor. Ha publicado diversos artículos científicos en revista con referato en Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Nicaragua, España; y poemas en la Revista Nagari, Signum Nous (Estados Unidos) Revista Cultural C (México), Revista Ariadna (España), entre otras y diversos sitios en la Web.

3 Comentarios
  1. Rescato del autor, ademas de la excelente explicación de este concepto, la necesidad de preguntarse y preguntarnos, por encima de dar respuestas y mas respuestas. El mundo nos exige respuestas, pero…para que clase de preguntas? No lo sabremos, si no reflexionamos lo suficiente y en profundidad manteniendo la pregunta como una retroalimentación continua a nuestros proyectos.

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