El IQ de Trump

Jesús Carlos Ruiz Suárez / Cinvestav Monterrey

 

Un cuidadoso estudio realizado por Dean Simonton [1], doctor en psicología de la Universidad de California-Davis, concluyó que los diez presidentes más inteligentes que el vecino país del norte ha tenido son: John Adams (173), Thomas Jefferson (160), John F. Kennedy (158), Bill Clinton (156), James Madison (155), Jimmy Carter (153), Woodrow Wilson (152), Theodore Roosevelt (149), James Garfield (148) y Chester Arthur (148). Los números entre paréntesis son los cocientes intelectuales (o IQ, por sus siglas en inglés), y para determinarlos Simonton se basó en distintos métodos de análisis de él y otros investigadores, donde se evaluaban logros universitarios, inventiva, claridad y profundidad en los discursos, inclinación a las artes, conocimientos generales y capacidad de improvisación.

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“No es la contaminación la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua.”

George W. Bush estaba en funciones cuando Simonton realizó el estudio, pero eso no influyó en él para ubicar al presidente donde le correspondía: en el último lugar, con un IQ de 120. Personalmente creo que Simonton fue magnánimo con Bush, porque a decir de sus singulares frases como: “Nuestros enemigos son innovadores y tienen recursos, y nosotros también. No dejan de pensar nunca en nuevas maneras de hacer daño a nuestro país y a nuestra gente, y nosotros tampoco”; “Yo sé lo que creo. Seguiré expresando lo que creo y en lo que creo. Creo que lo que creo es lo correcto”; “No es la contaminación la que amenaza el medio ambiente, sino la impureza del aire y del agua”, yo le daría un IQ de 100.

Pero veamos primero qué es el IQ. En un niño es relativamente fácil definirlo: es la razón entre la edad mental y la edad biológica, multiplicada por 100. Si un niño de diez años tiene alguna dificultad en el aprendizaje y por lo tanto piensa o razona como uno de nueve, entonces la razón anterior es 9/10 = 0.9. Multiplicamos por 100 y así, su IQ es de 90. Si las edades mentales y biológicas son iguales, la razón entre ellas es desde luego 1 y el cociente intelectual 100. Y a la inversa, si un niño de 10 años piensa como uno de 11, su IQ será 110. Queda claro que en la población de todos los niños del mundo, es decir, en la distribución normal del talento infantil, el promedio es justamente 100. Un cociente intelectual de 130 sitúa al niño, que para bien o para mal lo tiene, dentro del 2.2% de la población mundial. Uno de 160 dentro del 0.1%.

Con adultos la definición anterior falla y más vale que así sea, pues andar dividiendo edades resulta vergonzoso. Por un lado el numerador nos traiciona y por el otro el denominador no se apiada de nosotros. Así que para adultos el cálculo es más estadístico, aunque se parte más o menos de la misma premisa: 100 es el IQ promedio en la población mundial de adultos.   

Un IQ de 100 no es algo deshonroso, pues habla de una persona promedio. Abajo de 100 está la mitad de la población; arriba la otra, así que estar a la mitad del intelecto humano es bastante meritorio. Además ventajoso, si por nuestra sangre circula la ambición de ser presidente de una nación. ¿Quién puede aprovechar mejor la democracia que un político así? ¿Acaso no lo hemos visto en nuestro propio país? El promedio es un lugar privilegiado, desde el cual se puede cultivar el apoyo popular. El arma secreta que llevó a Bush a la Casa Blanca en el año 2000, fue su nada deshonroso 100. El candidato demócrata Al Gore, informado e inteligente, culto y comprometido con el medio ambiente, perdió porque su IQ estaba lejos de una gran parte de la población. Su IQ, que se dice es de 140, fue su perdición.

Así que si se pregunta, inteligente lector con un IQ seguramente mayor a 100, cómo fue posible que el país más poderoso del planeta, con un superávit de más de 500 mil millones de dólares y una popularidad del presidente saliente del 75 %, haya elegido al candidato menos calificado de los dos, la razón es simple: el truco fue el 100.

Bush se movía entonces en una franja que iba de 100 a 140.

Se sabe que un individuo con un IQ dado, supongamos igual a Y, no conecta muy bien con gente cuyo IQ está fuera de Y +/- 20. Los interlocutores que tienen un cociente intelectual menor a Y-20 escuchan hablar a tal individuo y no lo comprenden, ni siquiera saben el significado de las palabras que usa. Los que tienen un IQ mayor a Y+20, lo juzgan de idiota. Así, los interlocutores de un individuo están en una franja de 40; 20 hacia abajo y 20 hacia arriba. Bush se movía entonces en una franja que iba de 100 a 140 (o de 80 a 120, si yo estuviera en lo correcto). En cambio, los discursos de Al Gore eran escritos para un audiencia especial, que oscilaba entre 120 y 160. Afortunadamente, para consuelo de su país (ya que ganó el voto popular con medio millón de votos más), había un mayor número de estadounidenses que estaban en dicha franja. En otras palabras, aunque esa manera arcaica de contabilizar los votos basados en un voto electoral y no en el popular le dio el triunfo a Bush, la balanza de la inteligencia estadounidense se inclinaba ligeramente más cerca de Gore.

Claro que en IQ’s también se rompen géneros. Debió haber habido gente despistada en un lado y el otro. Gente inteligente que comparaba a los dos candidatos y sabía quien era quien, pero aún así prefería a Bush; o gente que apenas comprendía a Gore y de todas formas lo apoyaba. La fórmula Y +/- 20 no es ley, como nada lo es en la vida y menos en la política. Las pasiones, hartazgos, desilusiones e intereses egoístas inducen muchas veces votos incorrectos o de castigo.

¿Qué podemos decir del IQ de Trump? Es muy pronto para responder a esta pregunta, pero hay algunos indicios para empezar a hacerlo. El 8 de mayo de 2013, Trump envió el siguiente tuit: “Sorry losers and haters, but my I.Q. is one of the highest -and you all know it! Please don’t feel so stupid or insecure, it’s not your fault” (https://twitter.com/realdonaldtrump/status/332308211321425920?lang=es). Trump, desde luego, obvió decir cuál era su altísimo IQ. Si hubiera dicho, por ejemplo, que rondaba el 140, se habría metido en graves aprietos años más tarde, pues sabríamos que esos “loser and haters” se encontraban justo en esa franja que tenía IQ’s de 140. ¿Por qué? Porque en las elecciones apenas transcurridas, de los votantes caucásicos sin grado universitario el 67% le dio su apoyo [2]. ¿Gente sin grado universitario con un IQ arriba de 120?

¿Cuántos escritores y artistas han abandonado sus estudios universitarios para dar rienda suelta a su creatividad?

Es justo decir que no hay que ir a la Universidad para ser inteligente o creativo. ¡Cuántos escritores y artistas han abandonado sus estudios universitarios para dar rienda suelta a su creatividad! Tampoco la Universidad garantiza la consecución de nada y menos de un IQ alto, pues como vimos, eso se trae de niño. Sin embargo, los expertos dicen que en promedio los que hicieron estudios universitarios tienen un IQ mayor a 110. Entonces, si la mayoría de los blancos que votaron por él anda por el 100, el tuitero ganó porque la providencia le dio lo que a Bush: el IQ correcto.

Y armado con él y su “esmartfon”, se comunicó con sus votantes, con frases de no más de 140 caracteres redactadas de prisa y en cualquier lado; después de comer, antes de dormir, incluso en el baño. Propuestas como una McDonald’s sin sustancia. La democracia fast al servicio del tuit, ¿o el tuit al servicio de la democracia fast? Dentro de unos años sabremos cuál será el IQ de Trump. Vendrán expertos que analicen los discursos (por llamarlos de algún modo) del presidente y nos lo digan. Aunque casi seguro no le gustarán las cuentas que le van a hacer. Y por ende, todos serán unos “losers”.

La palabra “loser” es una palabra muy apreciada por Trump (http://www.trumptwitterarchive.com/#/archive/loser/ttff). Todos los que no lo apoyan lo son, mientras que todos los que lo apoyan son “ganadores” (pongo la palabra entrecomillada ya que no estoy seguro de que sea un buen antónimo para perdedores). Según el tuit señalado arriba, todos eran además estúpidos e inseguros, así que los estadounidenses deben estar preparados. Si los expertos dentro de unos años le confirman un 140, no les irá tan mal. Si le dan el IQ de Bush, todos serán retrasados mentales… según Trump.

¿Qué se puede decir de una persona que visceralmente insulta a otra una y otra vez?

¿Qué se puede decir de alguien que es misógino, racista, xenófobo? La psicología nos lo dice: una persona así tiene un trauma oculto en la profundidad del subconsciente. Según su biografía, sus padres lo enviaron a una escuela militar debido a que lo expulsaron por mala conducta. ¿Sus amigos, sus padres, sus profesores, le decían “loser” una y otra vez? Debió ser así. Nadie crea en su interior un trauma con muy poco. ¿Pelea el presidente Trump en su interior, ferozmente y sin saberlo, contra ese estigma grabado en la mente? ¿El muro que desea construir es la fortaleza que necesita para escapar de tal pesadilla?

Menos de un mes ha transcurrido desde su toma de posesión, y al tuitero se le está viniendo abajo el país. Genera odio en unos países y recelo en otros. Empresas como Apple, Google, Expedia, Facebook, Starbuck, etc., están recordándole, con acciones cada vez más firmes, que EE UU es un país rico y poderoso gracias a los inmigrantes que desea expulsar. ¿Su “Make America great again”, slogan que lo llevó a ganar la Casa Blanca con 3 millones de votos menos que su rival, es el delirio de un ganador? ¿O de un perdedor? C2

 

Referencias

[1] http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1467-9221.2006.00524.x/epdf

[2] http://www.pewresearch.org/fact-tank/2016/11/09/behind-trumps-victory-divisions-by-race-gender-education/ft_16-11-09_exitpolls_education/

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 3. Investigador titular en |

Sus intereses científico/académicos son: biofísica de membranas, fluidos complejos y el origen de las señales nerviosas. Le apasiona la divulgación científica, el arte y la cultura.

5 Comentarios
  1. Muy buen artículo. Divertido. Creo que haríamos bien en no centrar nuestras críticas y quejas solo en Trump. ¿ Que Trump incitó o provocó al odio, la xenofobia etc a quienes terminaron siendo sus simpatizantes y votaron por él ?. Esta la idea de que sus simpatizantes no eran X, pero en su campaña Trump los convirtió en X (donde X es xenófobo, racista, misógino, y súmele lo que quiera). Me parece que Trump no incitó o provocó a nada (o casi) sino que más bien escucho con atención el discurso privado, las conversaciones privadas, y las repitió en sus mítines. Haríamos bien en acordamos que fueron (son) muchos millones los que votaron por él, porque piensan y son como él.

  2. Muy buen artículo Carlos. Lo triste (y aterrador) es que esos votantes de la media de IQ de USA permitieron que el presidente del país más poderoso del mundo esté tomando decisiones que afectan al bienestar de una gran parte de una distribución aún más importante: la del bienestar del mundo.

  3. Interesante ensayo, creo sinceramente que los mexicanos somos más capaces que los estadounidenses, sólo que lo que nos falta es dinero.

  4. Muy atinados tu artículo, esperemos que su IQ no lleve al mundo a otra recesión, y a una posterior deflación, ya que como lo dicen expertos de Forbes; Trump es un experto en pedir prestado, lo que a su vez pone en riesgo las economías.

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