¿Existe un presente sólido en el que podamos vivir con plenitud?

Eduardo Escalante Gómez

 

En estos días, muchos de nosotros preferiríamos no vivir en el presente, un momento de crisis persistente, incertidumbre política y miedo. No es que el futuro se vea mejor, ensombrecido éste por la pérdida del sentido de humanidad y de cultura, además de los derivados de los avances tecnológicos y los peligros del cambio climático. No es de extrañar que algunos sean tentados por las comodidades de un pasado nostálgicamente imaginado.

¿No existe ningún presente sólido en el que podamos vivir con plenitud?

Uno examina su vida, los hechos de los que ha sido actor o testigo. Innumerables veces se promete no condenar al olvido determinados momentos, pero la intención la desgajan los días, desaparecen con la rapidez con que se deshace la forma de una nube fugaz en el cielo. Si entonces todos los momentos que nos conmueven e importan se desvanecen irremediablemente, ¿no existe ningún presente sólido en el que podamos vivir con plenitud?

El comienzo de la sabiduría es pensar en lo que estamos haciendo. Realizamos todo tipo de actividades: leer un artículo en el periódico, reflexionar sobre la vida, asistir a una protesta, preparar un informe, escuchar música, conducir a casa, preparar la cena, pasar tiempo con familiares o amigos. Aunque todas estas actividades toman tiempo, hay una diferencia crucial en cómo se relacionan con el momento presente.

Quevedo, poeta del Siglo de Oro escribió desgarradoramente: “Ah de la vida… ¿Nadie me responde?/(..) Ayer se fue, mañana no ha llegado/ hoy se está yendo sin parar un punto/ soy un fue y un será/ y un es cansado”.

La fotografía sólo deja una huella, pero una huella no reconstituye un instante.

Cada uno de nosotros, antes de ese “irse” de los seres y vivencias, inventa estratagemas para retener esta “fuga de tiempo”. Se fotografían los instantes, se los congela como selfies o en Facebook, Twitter, o Instagram (hoy más virtuales que físicos) para volver a ellos cuando ya se hayan ido. Pero como indican los expertos digitales, se sobrecargan los celulares de fotos que nunca más se vuelven a ver, el entusiasmo del momento, se diluye a corto andar. Entonces ocurre que nunca se regresa al instante perdido ni regresan los instantes a nosotros. La fotografía sólo deja una huella, pero una huella no reconstituye un instante. Es más, un recuerdo es la deformación de un instante por la memoria, lábil y mentirosa. Sin la memoria no seríamos nada ni nadie, pero ella no es la verdadera cazadora de instantes.

Utilizando la terminología de la lingüística, podemos distinguir actividades de dos tipos fundamentales. Las actividades apuntan a estados terminales, que se completan. Piense en leer este artículo o en conducir a casa desde el trabajo. Una vez que llegue a la meta, habrá terminado: el objetivo de la actividad se ha logrado. Puede hacerlo de nuevo, pero sólo a modo de repetición.

Por otro lado, y de manera contraria, hay otras actividades sobre las que podríamos enfatizar su inagotabilidad, el hecho de que no apuntan a estados terminales. Pero también podríamos enfatizar lo que señala Aristóteles: se realizan plenamente en el presente. “Al mismo tiempo, uno ve y ha visto, comprende y ha comprendido, está pensando y ha pensado”. No hay nada que deba hacerse para realizar este tipo de actividad, excepto lo que se está haciendo ahora mismo. Si lo que importa es reflexionar sobre su vida o pasar tiempo con tu familia o amigos, y eso es lo que estás haciendo, no está en camino de lograr su fin: ya está allí, sus instantes, sus fragmentos de vida.

“!Detente, bello instante!”

Se podría pensar en que los únicos verdaderos cazadores de instantes sean los contemplativos, los que logran ese milagro que Fausto reclamara para sí en un momento de éxtasis ante Helena: “¡Detente, bello instante!” Son tantos los testimonios de plenitud de los contemplativos de las más distintas tradiciones, que uno empieza a preguntarse si esa felicidad no es sino la experiencia del instante por fin recuperado.

En este sentido, vivir en el presente significa que el valor de lo que hacemos no está hipotecado para el futuro o consignado al pasado, sino que se realiza aquí y ahora. Es preocuparse por el proceso de lo que se está realizando, no sólo de los proyectos que se pretende completar. Correspondería a rechazar la inversión excesiva en proyectos, en logros y resultados, que no ve ningún valor inherente en el proceso. Hay que aclarar que vivir en el presente no es evitar el trabajo duro o la lucha.

“El presente es perpetuo/ el sol se ha dormido entre tus pechos”.

Octavio Paz, poeta y pensador mexicano, que había vivenciado el desgarro de la finitud, experimentará en la India, donde fue destinado como diplomático, una nueva experiencia con el tiempo. En su poema “Viento entero”, Paz accede, por fin, a una intensidad y plenitud de un instante que parece reunir todos los instantes. Dirá “cada caricia dura un siglo”, como si la caricia de su amada transformara todo su pasado y futuro, “Tú lees y comes un durazno/ sobre la colcha roja/ desnuda/ como el vino en el cántaro de vidrio (..)/ El presente es perpetuo/ el sol se ha dormido entre tus pechos”.

Vivir el presente no es falta de compromiso, también puede involucrar el  protestar por la injusticia, o por el desvarío de la condición humana, por ejemplo, entendida freudianamente como malestar. Es por eso que cuando se señala vivir el presente, no constituye una abdicación de la responsabilidad ética o una receta para el desapego. Es una vuelta a centrarse en el instante de la proximidad humana y no en la distancia marcada, a modo de ejemplo, por el celular que, como sombra invitada, siempre está deshabilitando una mano y no permite centrarse en la precariedad visible. Es decir, se trataría de intentar salirse del grupo humano conceptualizado como los que “miran el suelo”, cuyo presente es estar en la distancia, abandonado el aquí y el ahora de los rostros visibles. C2

 

 

Ver más artículos de VITRALES…

Investigador y escritor. Ha publicado diversos artículos científicos en revista con referato en Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Nicaragua, España; y poemas en la Revista Nagari, Signum Nous (Estados Unidos) Revista Cultural C (México), Revista Ariadna (España), entre otras y diversos sitios en la Web.

1 Comentario
  1. Me agradó!
    Creo que Janis Joplin debió tener una reflexión, si no igual de profunda, si cercana… ¿o murió porque se sentía sola, asi y no más?
    Saludos

Escribe una respuesta

Tu correo electrónico no será publicado.

Puedes usar estas etiquetas de HTML y los atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

 

Revista digital de la Asociación Leonardo da Vinci Divulgación y Promoción A.C.

SÍGUENOS EN

AVISO DE PRIVACIDAD

VISITA TAMBIÉN