La culpa la tiene Baldor

Francisco Benavides / UACM del Valle

 

Mi madre creía en Dios sin ser religiosa o mujer de iglesia; en cuanto a mi padre, su único Dios era el panqué con pasas. Para mi fortuna, nunca me trató de inculcar ideas religiosas. En cambio, sí alimentó en cierta forma mi curiosidad por el conocimiento del Universo, lo cual, he de admitir, me salvó en gran medida de las preocupaciones usuales de un adolescente. Además, tuve la suerte de no ser atacado por el típico acné juvenil y al parecer era el único de mis amigos que no estaba obsesionado con perder la virginidad.  No había día que no me gritaran en la escuela “Ahí va Hilario el joto”.

Nada tenía mayor importancia para mí que saber cómo había empezado todo, de dónde veníamos, hacia dónde íbamos, por qué estábamos aquí.

Nada tenía mayor importancia para mí que saber cómo había empezado todo, de dónde veníamos, hacia dónde íbamos, por qué estábamos aquí. No me complacían las teorías existentes. Tampoco me terminaban de agradar las personas existentes. Salvo Mariana.

“Todo empezó con una gran explosión”. ¿Y la materia que generó la misma? ¿Acaso Dios la había creado para dejarla explotar y dar así origen al Universo? ¿Y Dios de qué estaba hecho? ¿Quién lo había creado a él? ¿También nació de una explosión? Los profesores podían hablar lo que quisieran en clase, nada de lo que dijeran me parecía convincente. Nada me importaba más que hacerme preguntas. Entre más lejanas fueran las respuestas, más me interesaba acercarme a ellas.

Los demás chicos de la escuela le tenían pavor a las matemáticas. Yo las disfrutaba, cada quebrado, y luego, cada ecuación.  Cuando resolvía alguna ecuación que parecía compleja, sentía que mis pasos se acercaban a los de Isaac Newton. No entendía por qué el resto de mis compañeros las detestaban. Hasta que llegó el 11 de septiembre del 2011. Entonces, cuando iniciaba mis estudios de astrofísica en la facultad, fue cuando supe el origen del terror de los niños a las matemáticas: Baldor era el culpable.

baldor-libro

Partamos de unas cuantas afirmaciones. Álgebra de Aurelio Baldor era el libro obligatorio en secundaria. Estados Unidos se ha dedicado durante años a propagar la imagen del terrorista de Medio Oriente de  mirada amenazante, con la piel apiñonada,  la barba negra, larga y espesa, y con la cabeza coronada por un turbante.  Los estudiantes, antes y después del 11/11, son víctimas de su inconsciente manipulado por la cultura impuesta por los medios de comunicación que ya sabemos a quién pertenecen. Algo que es enseñado por un tipo con aspecto de que en cualquier momento puede mandar detonar una bomba y convertir en cenizas tu país con todo y tu casa no puede ser algo bueno. Baldor no tiene ninguna oportunidad de ganar empatía. Brilla la maldad en sus ojos. Tiene la cara del demonio mismo. Por eso no sale en la portada la parte inferior de su cuerpo, porque esconde sus patas de cabra. Si abres el libro te condenas. Hice el siguiente cuadro que muestra de qué manera está infectada la sociedad:

Baldor = Tipo malo de Medio Oriente

Tipo malo de Medio Oriente = Terrorista

Terrorista = Bin Laden -> Bin Laden = Baldor

¿Suficientemente absurdo? No. Aurelio Baldor, autor del infame Álgebra y de otros tantos abominables libros de matemáticas, era cubano.

Otro factor que juega en contra de las matemáticas es la palabra “problema”. Uno se levanta temprano, se baña, se viste, se peina y a veces desayuna para llegar a la escuela a encontrarse “problemas” en una hoja de papel, los cuales habrá de resolver en menos de cincuenta minutos y al terminarlos tendrá la sensación de que en realidad no ha resuelto nada.  A uno no le interesa saber qué tren recorrió una mayor distancia en menos tiempo y en qué punto se encontraron si salieron de estaciones separadas a 57 kilómetros. Entiendo el malestar. Gracias a la observación, he aprendido algo importante de los niños: lo que más les gusta, son los dinosaurios y todo lo relacionado con el espacio. Lo primero que recuerdo haber pedido de regalo de navidad fue la Estrella de la Muerte de Star Wars. ¿Por qué no se equilibra la imagen del terrorista matemático de las barbotas con la del benevolente miembro de los reyes magos que también parece venir de Medio Oriente y nos trae dinosaurios y réplicas de Estrellas de la Muerte de plástico cada año?.

Si los “problemas” a resolver trataran sobre naves espaciales y planetas y galaxias distantes, resultarían más atractivos para la mayoría. ¿Quién no quisiera ir al espacio? ¿Quién no quisiera viajar fuera de este mundo? Pero no. Todos los días tratamos de evadir los problemas que nos acosan; lo último que queremos es tener que enfrentarnos a otros tantos que no nos interesa resolver en lo más mínimo. Así, las matemáticas pasan a ser de un ejercicio sano, lúdico e intelectual, a una pesadilla de la cual, para lograr despertar, es requerida la resolución de un acertijo indescifrable.
Si explicaran a los niños desde pequeños que el aprender y entender matemáticas los acerca aunque sea un poco al espacio exterior, habría menos idiotas en el mundo, seguramente. C2

 

 

 

Académico en |

Aquí vamos a poner una semblanza del autor... Descripción física o moral de una persona, generalmente acompañada de una breve biografía.

1 Comentario
  1. Me parece que Baldor no tiene la culpa, de hecho, nadie la tiene. Simplemente es que no tomaban los profesores muy en serio su labor de divulgar las matemáticas y su historia. En ese interesante y temido libro de matemáticas de Baldor, en su portada principal, estaba la imagen de un gran matemático árabe de tendencia musulmana y cuya aportación fue fundamental para que el álgebra (al-gabra) se separara de la aritmética y siguiera su propio camino. Yo sufrí mucho con ese libro en secundaria, a pesar de que es un excelente tratado de álgebra que está al alacance de todos. Un día, años después, me dediqué simplemente a hojearlo y lo encontré fascinante en sus explicaciones sobre la evolución histórica del álgebra, Baldor solamente quería explicar el origen y la terminología de la abstracción matemática que es el álgebra y entonces comprendí en donde estaba la falla: desinformación. Además el libro está lleno de ejercicios (problemas) suficientes (con sus resultados) para que practicara uno cómo entender el procedimiento algebraico que te condujera a la solución de problemas algebraicos, confieso que eso me abrumaba y junto con la desinformación además de no encontrarle un sentido práctico, me desanimaron por completo. Actualmente tengo 57 años y disfruto mucho de las matemáticas, aunque me doy cuenta que necesito volver a practicarlas, en fin, para mí, Baldor no tenía la culpa…
    Saludos cordiales Francisco.
    Pepe Guerrero de Aguascalientes.

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