La obra de Picasso

Mario Rodríguez Guerras

 

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El período azul de Picasso fue una etapa de formación. En ella prescinde del color para dominar la forma, sin distraerse con elementos ajenos a ese objetivo. El período rosa es el complemento de su formación, en la que ya incorpora el color cuando ha dominado la línea. Estas obras son apreciadas con justicia y son obras clásicas en las que habla a su manera, con veinte años, de la vida.

Picasso - Acróbata y joven arlequín (etapa rosa)
Picasso – Acróbata y joven arlequín (etapa rosa).

 

Con el cubismo, Picasso analiza la forma de la representación del objeto. El cubismo geométrico analiza la posición de los elementos en el plano. El cubismo analítico realiza un análisis de las facetas del objeto y de las formas; el color carece de importancia. El cubismo sintético analiza los elementos que componen el objeto; por eso cambia la realidad de la que se ocupa y ya no analiza la figura humana -de la que se ocupará, no sin dificultades, al final de este período (Hombre con pipa, 1915, donde encontramos una obra figurativa dentro de una composición cubista), y después de él, con gran acierto, cuando oficialmente ha abandonado este estilo (partiendo de su Arlequín de 1915). Picasso llevó el estudio del objeto mediante el cubismo analítico y sintético hasta el límite, podíamos decir, en que el análisis de la representación que se va a realizar mantiene una relación formal con los aspectos del objeto (posición, forma y composición). Propiamente, realiza su análisis hasta que las facetas que se eligen del objeto no permiten una mayor aproximación, en el primer caso, y, en el segundo, hasta que se alcanza la mayor reducción posible en la búsqueda de la esencia de su composición. Sirvan como ejemplos, respectivamente, Guitariste (La mandoliniste), 1910 y Guitarra de 1913. Puede parecer que el desarrollo lógico del estudio llevará a una total desaparición del objeto, pero tal cosa ocurriría si se estudiara la pintura en lugar de la técnica; ese principio lógico no es aplicable en este caso.

Guitariste (La mandoliniste), Picasso
Guitariste (La mandoliniste).

 

El realismo es una corriente por la que Picasso se interesó no sólo por no tener que optar por la abstracción a la que negaba valor, sino por coherencia con su labor. Una confusión similar, respecto del valor y sentido de su labor, se produce con sus obras surrealistas. Para aclararlo, debemos investigar, de nuevo, la esencia de su obra. Y el origen de esa etapa no está, como en los surrealistas, en el sueño ni en el subconsciente, está en la propia realidad, una realidad que no es la del mundo natural, la realidad que observa es la realidad de la imagen representada. El artista utiliza el surrealismo para ver hasta qué punto puede trasformarse la imagen creada permitiendo la identificación del objeto que reproduce, analizando, formas, límites y composiciones. Nuevamente, el pintor interpreta la realidad pictórica estudiando otra forma de expresión en la que también investigó sus posibilidades. El surrealismo habla de la imagen del mundo, considerando cómo puede interpretarse el mundo, el surrealismo picassiano habla de la imagen de la imagen del arte. El surrealismo busca “por encima de lo real”, pero Picasso busca “por encima de la imagen”. El surrealismo busca otra imagen del mundo, nuestro artista busca las condiciones de la imagen.

 

2

Con el cubismo, creó valores, estableció una forma de representación que no partía de la percepción de las formas sino de los principios de representación. Pero este hombre buscaba el drama, no solo las bellas apariencias:

Lo increíble y monstruoso forman parte de la realidad… [1].

Que Eros y Tánatos, la alegría y la tragedia, son gemelos, se revela de forma más clara en la obra de Picasso que en la de ningún otro artista de nuestro tiempo [2].

Es decir, buscaba la intuición y se quejaba del conocimiento racional. Parece que Ruhrberg ha intuido el sentido de las últimas etapas de su pintura. Frente a quienes han valorado, por encima del resto, sus primeras obras y especialmente el cubismo, por la influencia que ha tenido en otros artistas y por la profundidad de ese estilo, méritos que son innegables, Picasso supera ese estilo por derivarse de un conocimiento racional que acaba por reducir el pensamiento del hombre y nos ofrece una forma de conocer que, más que intuitiva, pretendía ser instintiva, y presenta un arte ajeno a toda racionalización. Acabó realizando un expresionismo simple, destacando la sencillez y la inmediatez. Después de concebir la técnica más difícil, acabó haciendo las obras más sencillas, en contraposición a aquellos que, cuanto más pequeños, más necesitan la seguridad de una técnica y notar el peso de los conceptos antes que disfrutar de la liviandad de las ideas. Los críticos de este genio piensan que todo lo que no es intelectual (con lo que, en realidad, se quiere decir racional) carece de calidad. Así, sus últimas obras (La alborada, 1965; Mosquetero, 1968) son de gran valor pues nos habla de la esencia del gran hombre que está lejos de ser comprendido. Su obra artística posee una profunda filosofía que él no sabe explicar racionalmente ni es su obligación, sus medios de expresión son otros. La transformación que sufre no se ha entendido: Picasso se ha hecho niño en tanto, que antes, era león.

La Alborada, Picasso
La Alborada.

 

3

Debemos intentar aclarar por qué la simplicidad que pudiera ser un demérito en el arte es, en este caso, una superación. En general, la simplicidad es un síntoma de falta de recursos y en Picasso la sencillez es el abandono de todos los recursos. Con la escasez de medios para la representación, y con el significado de lo estético como de lo emocional, nos está demostrando el amor fati, que la vida merece ser vivida por encima de cualquier otra consideración que, por muchas limitaciones que se tengan en ella, se la pueden reconocer ventajas. Sólo hace falta ser capaz de aceptar los inconvenientes y los sufrimientos para apreciarlas, para comprender el placer de vivir. Como genio, se impone todas las limitaciones y se exige una precisión en su trabajo que no requiera ninguna modificación del trazo realizado y no se permite representar ningún elemento que distraiga la esencia que muestra: que esas limitaciones de la vida no pueden ser inconvenientes para ella, sino que son su esencia. Así, la simplicidad es, en unos casos, incapacidad, en otros, una superación. En la evolución de su obra no buscó la contemplación estética del arte, sino de la vida, es decir, percibía las ideas que subyacen en toda representación del mundo y nos las muestra. El artista acompasó su vida y su obra a su edad.

También en el libro citado se refleja el comentario de Picasso en el que dice que “todo el mundo quiere entender el arte (…) ¿Por qué no intentan entender el canto de un pájaro?” [3]. Ésta es la clave para comprender el arte de sus últimas etapas. Intenta hacer un arte que no tenga que justificarse con razonamientos, intenta evitar una interpretación racional de sus obras, lo cual al hombre moderno, es decir, al hombre teórico, le parece algo inconcebible, por lo que sus obras no han sido entendidas y, por ser inconcebible la intención, se rechaza la forma. Después de investigar todas las formas de expresión artísticas que existían en el mundo, buscó las instintivas que tenía dentro de sí para mostrar su voluntad, no su conocimiento. A través del arte quiere hablarnos de la vida, de una vida superior. Lo que pretende es que la pintura se comprenda por la intuición, de tal forma que ese modelo se aplique a otras situaciones, vaciándolas también de todo compromiso e interpretación pues lo racional conduce a la confusión. Nos dice: esto es un cuadro, no intentes comprenderle, siéntele; con lo que nos quiere decir, ahí tienes la vida, no la analices, vívela; o, ante un problema, no uses la razón, aplica el instinto. Quiere que la vida se comprenda de la forma en que se escucha el canto de un pájaro, sin buscar razones. Picasso sabía, al igual que Nietzsche, que sólo la razón no sirve para la vida, y nos mostró la tragedia de ésta. Su obra se puede llegar a conocer pero no la podrá comprender quien carezca de intuición. Si el arte sólo le pueden comprender los artistas, individuos intuitivos, su obra sólo la puede comprender un artista que, a la vez, sea filósofo: un artista de la vida. No hay en nadie en el siglo XX que haya pretendido nada semejante; desde el mundo del arte es absolutamente imposible analizarle, sólo con una filosofía que se cuestione el valor de la razón se puede uno aproximar a él. Y Picasso lo comprendió -intuitivamente. C2

 

Referencias
  1. Karl Ruhrberg, Arte del siglo XX, Colonia: Taschen, Edición de Ingo F. Walter, 2005, Pág. 214.
  2. Ibíd., Pág. 217.
  3. Ibíd., Pág. 212.

Español, economista. Ha publicado diversos artículos en revistas digitales, principalmente, sobre arte partiendo de una teoría fundada en principios racionales que es capaz de explicar la historia del arte como una evolución predeterminada del pensamiento que genera las formas artísticas.

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