La reedición de La lágrima del Buda

Dalina Flores Hilerio

 

En un artículo que escribí hace casi tres años, para un congreso de literatura mexicana, me quejaba amargamente de la nula o difícil distribución que tienen los libros de muchos autores mexicanos contemporáneos.

Si no se trata de un autor de renombre, los tirajes son mínimos y los exhiben en las librerías (reales y virtuales) por muy poco tiempo. Esta triste realidad ha causado que algunos escritores sean desconocidos no sólo por el público en general, sino hasta por los especialistas.

Antonio Malpica
Antonio Malpica

Algunos escritores mexicanos, como Antonio Malpica, a pesar de tener una producción importante de literatura para todo público, sólo son reconocidos por sus textos infantiles y juveniles que, como hemos visto, no siempre son considerados por la crítica ni las academias como textos literarios formales. Si tomamos en cuenta que el prestigio literario se asocia, en gran medida, con aspectos ajenos a la obra, es comprensible que autores externos a las élites literarias preestablecidas (generalmente por la crítica formal y académica) no logren ser reconocidos ni difundidos en las plataformas editoriales canónicas. Tal era el caso de casi toda la obra literaria ‘para adultos’ de Antonio Malpica, pues no figuraba en los catálogos promocionales de las editoriales de mayor presencia en librerías. Por otra parte, sus vínculos de asociación, como miembro de la LIJ, paradójicamente, lo han relegado a ser leído principalmente por un público particular, distante del especializado o académico.

La lágrima del Buda
La lágrima del Buda

Editorial Océano, luego de publicar la saga de El libro de los héroes, pensada para un público juvenil, pero con un planteamiento literario muy sólido [1], ha apostado a la publicación de otros libros de Malpica que tienden una ruta más clara entre los jóvenes lectores y los adultos [2], hasta incluir en su catálogo una novela inteligente y compleja, que requiere de una participación activa y lúdica del lector, como es la reedición de La lágrima del Buda, novela ganadora del premio Otra Vuelta de Tuerca en 2007.

Esta novela es compleja y adictiva por la forma en que el autor utiliza los recursos narrativos que van desde la configuración de personajes entrañables y cercanos a la realidad cotidiana (interna y externa) de los lectores contemporáneos, hasta la fabulación de una trama donde se entretejen dos historias contadas de forma diferente: la primera resulta desconcertante porque inicia en el final de la historia, y es contada por un narrador omnisciente con un sentido del humor muy negro; la segunda línea narrativa, en apariencia con orden lineal cronológico, es contada por Ricardo Maden, uno de los protagonistas, quien es un profesor de literatura que, además, es un gran lector de Borges, como nos deja ver su propio nombre –y también nos lleva a plantearnos, desde el inicio, un juego muy interesante de intertextualidades y metaficción que, al final, nos llevará a hacernos muchas preguntas. En este sentido, el efecto o eco literario trasciende el tiempo real de lectura, para invitar al lector a seguir intentando explicarse los detalles más imperceptibles de la historia, durante mucho tiempo después de haber terminado la novela.

Esta combinación, sin duda, es un recurso que plantea un sentido del humor casi trágico…

A pesar de que siempre he asegurado que Antonio Malpica es un gran contador de historias, que su estilo y tono siempre atrapan al lector por la afabilidad de su narrativa, al estilo de García Márquez, creo que lo más interesante de la Lágrima del Buda es la presentación de una estructura donde el tiempo y las acciones, a pesar de que caminan, en apariencia, de forma paralela, se dimensionan al romper con las estructuras cronotópicas tradicionales. Poco a poco (a partir del cuarto capítulo, más o menos) nos damos cuenta de que vamos leyendo alternadamente capítulos cuyos títulos son diferentes canciones de Queen, y aluden a las acciones llevadas a cabo por tres personajes casi caricaturescos pero con dimensiones humanas muy profundas, y capítulos titulados como algunos de los cuentos de Borges, donde el propio narrador nos relata sus ambiciones literarias mezcladas con sus dramas domésticos. Esta combinación, sin duda, es un recurso que plantea un sentido del humor casi trágico, pues mientras Maden (luego de renunciar a su trabajo como maestro de literatura en una preparatoria) intenta darle rienda suelta a su imaginación detectivesca para encontrar la joya que deberá entregar a un acaudalado y misterioso cliente, también tiene que lidiar con los arranques de histeria de su esposa y su hija que está a punto de cumplir quince años.

Como una lectora asidua a la obra literaria de Malpica, considero que el aspecto más importante en su narrativa, sobre todo en la dirigida al público adulto, es el sentido del humor, siempre agudo, inteligente, a veces irónico, que se va entretejiendo en las tramas, lo que, sin duda, hace que el lector se convierta en un agente activo que participa en la construcción del sentido para interpretar, matizar y orientar la comprensión del argumento.

En La lágrima del Buda, la historia detectivesca al borde del género negro presenta giros hacia lo absurdo

Otro aspecto particularmente interesante en La lágrima del Buda es que la trama ocurre, en gran parte, a través de dos viajes en paralelo hacia el norte del país, y vamos inmiscuyéndonos en los ambientes y costumbres que irradian esos espacios a través de las acciones de los personajes; sin embargo, el autor también ofrece un panorama reivindicativo de la ciudad de México, donde los más terribles escenarios se convierten en el marco de historias tan cercanas al lector que los transforman en un referente cotidiano, pero lleno de disrupciones. En La lágrima del Buda, la historia detectivesca al borde del género negro presenta giros hacia lo absurdo por la peculiaridad de los personajes y el énfasis en ciertos detalles de la descripción, así como por la ironización del oficio de la escritura. Cada capítulo, como he señalado antes, lleva el nombre de algunos de los cuentos de Ficciones y El Aleph y de canciones de Queen que representan las obsesiones que transitan los protagonistas; de esta manera, el lector encuentra un universo literario ampliado al reconocer (y reconocerse en) los múltiples interetextos.

Es cierto que la producción literaria de Antonio Malpica para ‘adultos’ es menos numerosa que la que conforma su narrativa infantil y juvenil; sin embargo, sus publicaciones en este rubro, ya superan la decena [3]. A partir del año 2002 comenzó una carrera imparable en la publicación de historias cuya prolija construcción invita al lector a participar de manera activa y juguetona, explorando un humor fino y entrañable, así como la incitación a la reflexión. Espero que Océano o incluso otras editoriales no asociadas con la LIJ se atrevan a publicar también estas otras novelas que sin duda serán disfrutadas por públicos de cualquier edad y experiencias lectoras. C2

 

 

Notas:

[1] A diferencia de muchas obras juveniles que son de lectura fácil y pasiva

[2] Por llamar de alguna manera a la literatura que no es exclusiva para niños o jóvenes

[3] Algunas de sus novelas ‘no juveniles’ son La nena y el mar (2002), El impostor (2002), Los elementos del jazz (2004), Apostar el resto (2006), Billie Luna Galofrante (2008), La lágrima del Buda (2008) (2017), El lápiz de labios del señor presidente (2010), Bienvenido a Lethal Maze (2011), Objetivo miedo (2011), Hacked by Conejo (2011), No nos extrañará el sistema (2014) y la última: Más gordo el amor (2015) que, desafortunadamente, se ha promovido bajo la etiqueta de ‘juvenil’.

Se doctoró en Estudios de la cultura, por la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde también obtuvo el grado de maestra en Lengua y Literatura Hispánicas. Se desempeña como profesora e investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y en el Tecnológico de Monterrey. Es autora de un libro de cuentos: Historias para leer en lunes (2010).

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