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Dalina Flores Hilerio – dalinafloreshilerio@gmail.com

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Muchachos que no besan en la boca

Hablar de poesía siempre es un privilegio, sobre todo si el privilegio viene acompañado de la firma de un poeta a quien se admira, entre muchas otras …

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Akuika

A pesar de que muchísimas editoriales actualmente enfatizan la función didáctica de la literatura para niños, me parece que lo primordial es, para con…

Últimas columnas

A propósito de la serie House of Cards

Se han realizado distintos experimentos para recrear situaciones que implican la moralidad. Se pueden recordar los experimentos de Philippa Foot y Judith Jarvis Thomson. Indudablemente, estos son ejercicios teóricos, porque uno no sabe qué haría realmente en una situación moralmente dilemática.

Sociedad del aburrimiento

Seguramente, en algún momento de nuestras vidas hemos dicho: “estoy aburrido(a)”. Cuando pienso que lo estoy es un estado que trato de evitar, desde niño he tenido un rechazo a situaciones que tienen el potencial de aburrirme. La pregunta es qué significa el aburrimiento, por qué mi experiencia le ha dado un sentido negativo.

El futuro, más allá de la distopía

La imaginación especulativa es una capacidad humana clasificada como de orden superior, que permite explorar el no-aquí y el no-ahora. Hasta cierto punto actualmente se opera así. Pero estas exploraciones están limitadas por los supuestos culturales instalados.

El cuestionamiento de las estadísticas

Históricamente, las estadísticas se pensaron para ofrecer puntos de referencia estables para cada uno de nosotros– independientemente de la política con la que se podría estar de acuerdo o no. Recientemente, y no sólo por el resultado de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, se han generado niveles de confianza divergentes sobre ellas, respecto de lo que significan para el desarrollo en las democracias liberales.

Muchachos que no besan en la boca

Hablar de poesía siempre es un privilegio, sobre todo si el privilegio viene acompañado de la firma de un poeta a quien se admira, entre muchas otras cosas, por la contundencia de sus versos. La asertividad y desenfado con que Luis Aguilar (México, 1969) teje la urdimbre de su universo lírico es una combinación que produce un efecto seductor, casi de embrujo, pero también fulminante, porque es preciso y expresivo.

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