Los fragmentos del mar

Luis Javier Mondragón

 

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Me estaban buscando
allí donde mugen las vacas que tienen patitas de paje
y allí donde flota mi cuerpo entre los equilibrios contrarios.
-Federico García Lorca-
Como aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
-José Lezama Lima-

 

 

I

Sólo hace falta dividir una idea para volverla infinita.

Se vuelve infinita porque siempre hay una espacio fatal entre cada parte nueva.

No es lo mismo dividir que separar.

Si se da una partición quiere decir que podemos seguir partiendo. La división será una exigencia pictórica o material pero sobre todo es que en con cada partición se crea un espacio indeterminado. El que mira unifica y conjetura, infiere y duda, da coherencia y arma barcazas para arribar a cada puerto.

No es lo mismo segmentar que comparar.

Es decir, hay una obra, una unidad en sí misma, autosuficiente y completa, pero al dividirla en dos (ó 3, 5, 8, 13, 21, 33 o las que se quieran) cada parte mantiene sus cualidades, pero ahora se izan otras velas, más allá de la obra contundente nos pide que hagamos una cartografía.

Cada suposición hace navegable el mar.

Una vela invisible nos mueve. Nadie puede explicar el presente, cruel destino es el del hombre.

 

II

La duplicidad también es la búsqueda de la armonía. Se cuenta que desde el inicio el hombre fue dividido y está condenado a buscar su complemento.

Partir algo es una búsqueda también, es desesperación, es un rebuscar entre los ojales el botón inexistente.

Según algunas tradiciones religiosas, se crea al hombre como una imagen y semejanza de Dios, somos un reflejo divino, pero somos un reflejo torcido, un reflejo siniestro, la corrupción de la divinidad.

Eso también se nos propone, juegos dobles, y entre cada unidad la complejidad.

La exigencia del que mira no está en la comparación y el límite de dos cosas dadas. No estamos contemplado un reflejo, no es el gastado tópico de dopplegänger, no es simplemente el doble y el eco. Es la necesidad del otro para conciliar una imagen.

Al desplegar algo lo hacemos funesto, todo doble es un contrario, todo contrario es una perversidad.

Entre dos mitades hay un mar sordo. C2

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Texto a propósito del proyecto “El bosque y el Columpio” de Agustín “Guty” González, pueden ver algo de su obra en Zona Maco 2016 en el Centro Banamex Sala D.

 

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Revista digital de la Asociación Leonardo da Vinci Divulgación y Promoción A.C.

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