¿Poesía crítica o poesía de resistencia?

Hiram Torres Rojo

 

Comenzaré con dos citas del libro Las Ciudades invisibles de Italo Calvino: No hay lenguaje sin engaño; la mentira no está en las palabras, está en las cosas.

Y una más de Michel Foucault en su Historia de la locura: El mundo zozobra en el furor universal. La victoria no es de Dios ni del Diablo; es de la locura.

Discurrir sobre cada una de estas aseveraciones sería algo interminable. Las cito sólo con el ánimo de encontrar una explicación a nuestra realidad interna e insertos en una sociedad global; aunque esto último, sociedad global, también sea discutible.

Debo reconocerme como radical. En la Universidad, mis compañeros ubicaban mi poesía en una gama que iba desde cursi a más no poder, a una poesía quejumbrosa (no es cosa menor, yo nací en un mundo diferente al de ellos). No me estoy quejando. Lo digo como ejemplo de lo expuesto que está nuestro trabajo. Y todavía no menciono al poder.

Poemas clandestinos. Roque Dalton.
Poemas clandestinos. Roque Dalton.

En la segunda parte del siglo XX algunos artistas de vanguardia se manifestaron por que el arte debía tener una función más apremiante que la estética: emancipar a individuos y pueblos. Y delinearon una sociedad mejor. Luis Buñuel decía que un artista no puede cambiar el mundo, pero sí podía mantener vivo un margen esencial de inconformidad. ¿Qué decir de Poemas clandestinos, cúspide de esta poesía en resistencia? ¿O del poeta nacional palestino Mahmud Darwish? ¿O la poesía de Miguel Hernández? Roque dice que da la cara, pues cabalga muy cerca del enemigo. Éste se ha multiplicado y aparece, o quiere que así los veamos, como omnipresente. Por vocación, los poetas críticos vamos primero al subtexto, al lado oscuro del sueño, ahí donde el siquiatra o el sociólogo no pueden hurgar. La violencia de la vida diaria se nos echa encima. Las imágenes teledirigidas, encubriendo su médula, también. El otro se ha transformado en uno más. Una parte más de la masa, el menos importante. Así, todos somos los menos importantes.

Podemos decir que la Segunda Guerra Mundial no ha terminado aún…

En los hechos podemos decir que la Segunda Guerra Mundial no ha terminado aún, pues continúa en una serie de frentes con distinta intensidad y otros protagonistas, menos el primerísimo actor. La tercera guerra, con el advenimiento del anticristo, (no podía nacer en otro nido), va a encaramarse a la grupa de la segunda. La literatura ha vuelto sus plumas hacia la crueldad e irracionalidad de la guerra, el narcotráfico, hacia el periodismo documental, a la migración, al hambre, a una especie en plena decadencia. La estupidez política se filtra a la literatura contemporánea, e inspira a los creadores con espléndidos resultados. Hoy podemos ver derechos humanos donde antes sólo había hipocresía. Hoy vemos respeto, aunque a veces con eufemismos que demuestran fanatismo e ignorancia, donde antes veíamos desprecio. Hoy tenemos inclusión donde antes la segregación iba desde el color de la piel hasta las preferencias sexuales. Todo ello es materia de la literatura. Por algo habría que congratularse.

La poesía crítica va a la llaga. ¿Que no propone nada? ¿Y quién dijo que la misión de la poesía es proponer o dar consejos, como lo hace la cultura masiva, que no popular? No es lo mismo aunque quieran hacer pasar lo popular por masivo. Y al revés.

Creo que la primera característica de la poesía de resistencia, y con frecuencia, aunque la lleve implícita, es el reconocimiento del otro. Es ese espejo de La Cenicienta donde no se refleja nuestra imagen, sino la del otro. Y detrás de ese otro, seguramente estamos nosotros, hablando de una búsqueda entre brumas, en la que los encuentros, si se dan, son dolorosos. O desapercibidos.

La poesía es tan generosa, que admite cualquier clasificación.

La poesía es tan generosa, que admite cualquier clasificación. Si bien existe un elemento común, es permitido llamarle así casi a cualquier escrito —no resisto mencionar que el premio Nobel de Literatura fue otorgado con mi berrinche consecuente, a un cantante estadunidense contemporáneo mío. Por lo menos diez cantautores como se les dice, tienen más méritos que él—. Y para no polemizar, dejo el juicio a la subjetividad. En poesía, un subgénero no excluye a otro. Al contrario. Con cada subdivisión artificiosa, se afianza más. Me vienen a la memoria los antipoemas de Nicanor Parra o los maravillosos poemínimos de El Gran Cocodrilo, Efraín Huerta.

Parafraseando el título de una canción de Pink Floyd, ¿hacia qué sol conectamos nuestros controles? Creo que sólo basta echar una ojeada a nuestro entorno. O hacer un ejercicio moderado de introyección. O tratar de ver más allá de la nariz. Y no nos gusta lo que vemos. En mi caso, ni el pasado, ni el presente, y mucho menos el futuro, aunque el horizonte esté cercano. Pero esto no nos paraliza. Continuamos con la crítica, con la denuncia, que son formas de resistir.

Pensamos que estamos rodeados de caricaturas, de clowns, de cráneos vacíos. Estos especímenes son más peligrosos que si tuvieran neuronas. Al temible Trump, por un momento lo taché de Mussolinito, así en diminutivo, con la obvia intención de minimizarlo. Pero no. Su carencia de percepción más o menos cercana de la realidad, lo hace más peligroso. O al copetes nuestro de cada día. Su incultura y razonamiento tardío, por llamarle de alguna manera, generan ponzoñas de una muy elevada toxicidad.

Mientras más se degrada nuestro entorno, los poetas críticos tenemos más materia para escribir.

Y eso no es, por lo menos, motivo de alborozo. Robert Darnton en su obra con el sugerente título de Censores trabajando. De cómo los Estados dieron forma a la literatura, escribe: “[Si un editor rechaza mi manuscrito, puedo intentar vendérselo a otro. Es posible que no lo logre y me sienta oprimido por el auténtico peso del capitalismo], pero los Estados autocráticos impiden este tipo de opciones”. Son otros tiempos. Recordamos los casos de Aguas Blancas, Acteal, El Charco, Ayotzinapa y muchos más donde persiste la impunidad. ¿Para qué necesitan censura si cuentan con verdades históricas, hechos aislados, y medios que las repiten siguiendo las máximas de Goebbels? Este régimen se lleva la gloria con los malabares con los que pretende ocultar su pusilanimidad, torpeza, incultura y corrupción. Pese a todo, la sociedad porfía en la memoria. Al Estado el poder no le alcanza para ocultar su miedo. Su debilidad, la ignorancia, hace una combinación explosiva con su fuerza. Ya se comienzan a hacer evidentes las diferencias entre los sardos, los políticos y las fuerzas vivas, como las llamaría Rius. La iglesia, como siempre, también mete su cuchara. Todos, juntos o separados, son cárteles criminales y corruptos. No nos engañemos. Éste es un estado fallido desde que fueron descarrilando poco a poco a la Revolución. Después de cien años, aún subsisten el hambre y la mortalidad infantil con índices muy altos. Los imperios nos llaman países emergentes o en vías de desarrollo. ¡Mentira! Somos países colonizados, explotados, jodidos, burlados, engañados. Unos criminales sustituyen a otros. Ahí no hay sorpresa.

No podemos permitir que se pierda la capacidad de asombro; que lo escandaloso se convierta en un elemento cotidiano, que los gritos no se multipliquen en ecos rebotando en las paredes de esta ciudad, o en los adobes del interior de nuestro país. Ecocidio, feminicidio, homicidio, genocidio, homosapienscidio. Ojalá no terminemos ahí, porque eso sí, sería un suicidio, o peor. Mejor busquemos el apocalipsiscidio. Todos juntos. Sin clasificaciones de nuestro quehacer como poetas. Sin rivalidades, sin egos. Debemos ser diferentes a ellos, a los orgánicos que se hacen pasar por artesanales. C2

 

 

sharbat gula

 

ojos de niña agazapada
bajo la túnica raída
que permite ver el cabello en turbulencia
como campo de refugiados

ojos acusadores
severos
desafiantes
se clavan como dagas
en quien los mira

¿cómo llego ese verde a tus universos?

todo tu rostro
es amenaza
luz y sombra
reto

si Leonardo hubiera visto tus ojos
no tendríamos mona lisa

musulmana
tan mujer eres
que ni lo pareces

eso dijo sin querer
national geographic

 

 

Poeta, dramaturgo y guionista. Cursó estudios de Administración de Empresas (UNITEC), Lengua y Letras Hispánicas (UNAM) y Creación Literaria (UACM) Autor, entre otras obras teatrales, de Guillén de Lampart, representada en México, Estados Unidos y Canadá y traducida al inglés; Escribe que soy Palestino, presentada en México y en árabe en territorios ocupados de Palestina. Ha publicado sus obras poéticas Habrá que Esperar la Lluvia, y Cosecha de Hambre. Es colaborador de Arcano Radio.com en el área de cultura, sección para la que vocaliza, edita y produce una cápsula de 15 minutos semanalmente y guionista de la Secretaría de Cultura para Código DF.

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