Sociedad del aburrimiento

Eduardo Escalante Gómez

Seguramente, en algún momento de nuestras vidas, hemos dicho: “estoy aburrido(a)”.

Cuando pienso que lo estoy es un estado que trato de evitar, desde niño he tenido un rechazo a situaciones que tienen el potencial de aburrirme. La pregunta es qué significa el aburrimiento, por qué le he dado un sentido negativo.

Por el momento dejaré de lado las distinciones que se han realizado sobre el aburrimiento (aburrimiento situacional, aburrimiento existencial). Es razonable argumentar que no se trata de un tema simple. Para empezar, hay que preguntarse si hay una relación directa entre quién se aburre y de qué se aburre. Se podría decir que en general se hace alusión a lo que aburre, y no necesariamente a qué le ocurre internamente a quien se aburre.

En estos días es más aceptable estar aburrido que “ser” un aburrido.

Por supuesto, que no es posible identificar algo aburrido sin un cierto sentido de “estar aburriéndose”. En estos días es más aceptable estar aburrido que “ser” un aburrido. Tradicionalmente, el aburrimiento, como observó Kierkegaard, era una expresión de nobleza. Esto no funciona en nuestra era democrática. Mostrar que uno está aburrido sugiere rudeza, desprecio, malestar que de ningún modo son cualidades entrañables.

Este tipo de análisis indicaría que el aburrimiento es algo secreto o solitario, sin embargo, los aburridos no están claramente solos. Se han realizado investigaciones en diferentes países para examinar el fenómeno y se llega, por ejemplo, a la conclusión que un británico medio (según una encuesta en línea de 2009) sufre seis horas de aburrimiento a la semana.

Pero surge la pregunta de qué es lo que nos aburre: ¿esperar un ómnibus una hora?, ¿esperar dos horas para que un médico nos atienda? ¿Y qué pasa con mirar televisión 6 horas al día y ver cientos de cortes publicitarios? Esto nos conduce a la pregunta de si hay más virtud en estar expuesto a una experiencia y no percibirla como aburrida, que saber que uno está aburrido quejándose del aburrimiento.

En general, las personas odian pensar que estan aburridas; uno no es extraño al aburrimiento, a estar en un estado de monotonía, apatía, lasitud, inquietud, tristeza o dolor de insatisfacción. Por lo menos en mi caso son experiencias que he vivido. Entendido así el aburrimiento, resulta como un estado que ahoga.

Esto es precisamente lo que Lars Svendsen argumenta en su ensayo Filosofía del Aburrimiento, un estado en el que la conciencia se siente atrapada, ya sea en una situación particular o en el mundo en su conjunto. Estas palabras me transportan instantáneamente a estar sentado en una cena insufrible o en una reunión donde nadie cree lo que nos están diciendo.

Todas las fobias están en la raíz del miedo a la muerte, y del miedo al aburrimiento que es el miedo de ser. Cada uno de nosotros probablemente tiene una visión de lo que esto significa.

Si no estás agotado no lo estás haciendo bien.

Hay una comprensión del aburrimiento que se da en la modernidad que es preocupante y que se asocia a la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja, que se debe pedalear cada vez más rápido para alcanzarlo. Y, por ende, tenemos que vivir apurados, ocupados, es casi un lema tácito que nos mueve: Si no estás agotado no lo estás haciendo bien. Es el culto al agotamiento, que las bebidas energéticas nos ayudarían por un momento a superarlo, pero no su esencia misma.

El aburrimiento habría que superarlo viviendo apresuradamente, en un desear que los acontecimientos se precipiten más rápido. Si la lentitud es aburrida, la velocidad es entretenida; ergo: viva la velocidad. Así, el aburrimiento suele ser la ecuación de la lentitud, pero esa ecuación se percibe perversa. El aburrimiento es un dispositivo clave de la velocidad, es su síndrome de abstinencia.

Si el aburrimiento existencial es el conocimiento de que cualquier cosa puede suceder, y por lo tanto nada tiene sentido, el aburrimiento de una persona es la conciencia de que cualquier cosa puede suceder y la convicción de que nada lo impide.

Se argumenta que el aburrimiento es inflacionario, se engendra a sí mismo. Svendsen sostiene que estamos cada vez más aburridos. De ningún modo entiendo su planteamiento como un intento de desarrollar una verdad general sobre el mundo en una mezcla de psicología o fenomenología, sino la constatación de la condición existencial en la que podemos sumergirnos a “estar aburridos”.

Y así vamos de obligación en obligación, de compromiso en compromiso.

Los planteamientos de Svendsen en combinación con los del filósofo Han permiten ver que la sociedad contemporánea agota y aburre a los sujetos, al mismo tiempo que les ofrece progreso material y adrenalina. Para resolver esto, largas filas en los cines, bares repletos, supermercados atestados de consumidores apurados. Y así vamos de obligación en obligación, de compromiso en compromiso. Incluso la institución social del “almuerzo” dejó de ser una instancia para alimentarse y respirar, ahora es una oportunidad más para cerrar negocios, para dar instrucciones, para recibir órdenes.

Hay varias cosas que se pueden decir en defensa de la idea de un aburrimiento que va más allá de una situación. El aburrimiento situacional tiene el potencial de convertirse en una especie de aburrimiento existencial, en el que uno se ve obligado a cuestionar no sólo el punto de un acontecimiento, sino también la vida misma.

Estoy pensando aquí en una cena en particular, donde la primera hora se dedicó a discutir las diversas rutas que los huéspedes habían tomado para llegar al lugar. En medio de semejante calvario, ni el tiempo ni el espacio pueden contener el vacío entumecido que ataca al alma. Y que ninguna cantidad de bife de chorizo o de Malbec pueden llenar.

Se dice que el aburrimiento es la condición previa para la creatividad.

Independientemente de las luchas con el aburrimiento de Han y Svendsen, se puede rescatar lados positivos de la discusión. El aburrimiento es una característica adaptativa en el sentido darwiniano. La capacidad de aburrirse, que se describe como una forma de disgusto leve, es beneficiosa para la humanidad. Así como se ha demostrado que el disgusto nos permite alejarnos de los entornos que causan enfermedades, también el aburrimiento nos guía lejos de situaciones que podrían ser perjudiciales para nuestra salud mental. El aburrimiento no es meramente una función negativa. A menudo, se dice que es la condición previa para la creatividad.

En el curso normal de los acontecimientos, el tiempo nos mata, en el aburrimiento, matamos el tiempo. Heidegger creía que lo que él llamaba “aburrimiento profundo”, era un medio radical de acceder a la esencia del ser.

En última instancia, el aburrimiento, ya sea inspirador, desalentador, aniquilador o trascendente, simplemente es. Tal vez como el clima, es algo que no tenemos otra opción que vivir.

Svendsen llega a una conclusión similar. Para él “ser maduro”, significa aceptar que la vida no puede permanecer en el reino encantado de la infancia, que la vida en cierta medida es aburrida, pero al mismo tiempo darse cuenta de que esto no hace la vida inviable. Este tipo de comprensión más evolucionada es poco probable que frene el propio miedo al aburrimiento, pero puede ayudar a tener claridad en mi resolución cuando se manifieste.

Se puede sostener que el aburrimiento es una emoción moralmente relevante en la medida en que notifica de una cierta inconformidad con nuestro entorno o con nosotros mismos. En una sociedad en la que pululan instituciones que nos demandan ajustarnos a normas con las que no necesariamente comulgamos, el aburrimiento individual, y aún más el aburrimiento colectivo, son fenómenos que tendrían que ser tomados en cuenta en la reflexión ética, en la medida en que notifican la incapacidad de nuestra cultura para producir sentido.

El aburrimiento situacional asociado al aburrimiento existencial, el “no deseo”, representa una crisis del significado, podríamos decir, del sentido. En un mundo que carece de capital simbólico, de espiritualidad, la noción de trascendencia se hace incomprensible. Se tiene dificultad para saber si un acto es bello o no, y si es ético o no. Lo paradójico es cuando la trasgresión da paso a la trascendencia.

Los chinos tienen una teoría que dice que uno pasa del aburrimiento a la fascinación…

Al aburrimiento lo puede superar la voluntad humana; es una falacia patética decir que una cosa es aburrida y nos permitimos estar aburridos. La cura real es el insight. Los chinos tienen una teoría que dice que uno pasa del aburrimiento a la fascinación, si algo es aburrido por dos minutos, hacerlo por cuatro minutos; si aún es aburrido, hacerlo por ocho minutos y así sucesivamente; eventualmente uno descubre que para nada es aburrido.

Esencialmente, el aburrimiento como el cansancio conducen a alguna forma de cambio, a ver lo que no se había prestado atención. Si el cambio es positivo o negativo depende del sí mismo y del contexto: de la situación y el estado mental en el que se encuentra la persona misma.

Desde este punto de vista, el aburrimiento no debería ser visto como un estado no placentero, de disgusto, como vacío existencial y tratado como un desorden espiritual. Su dominio puede mejorar la creatividad.

El gran problema del mundo en el que vivimos es que no hay excusa para estar aburrido, además, nos parece inconcientemente insostenible estar solos en nuestro aburrimiento. Hay que escaparse, y el celular es uno de esos amuletos que lo permiten, nos da la excusa para no estar aburridos y nos convence que seguimos en movimiento y no en la inutilidad de lo que significa “estar aburrido”. Como test, si les toca viajar en avión, observen en la sala de espera si hay alguien que esté sentado o parado en una postura que podría significar aburrimiento y comparen la cifra con los que están usando su celular.C2

Young Group Of People Sleeping On Chair In A Waiting Room

Investigador y escritor. Ha publicado diversos artículos científicos en revista con referato en Chile, Argentina, Perú, Colombia, México, Nicaragua, España; y poemas en la Revista Nagari, Signum Nous (Estados Unidos) Revista Cultural C (México), Revista Ariadna (España), entre otras y diversos sitios en la Web.

2 Comentarios
  1. Importante comentario de una psicóloga que ha trabajado con sujetos vulnerables y comprende el sentido del “parar” como estado ontológico y existencial. Gracias Andrea

  2. Excelente reflexión! Uno se pregunta: ¿Cuál es el temor de “quedarse quieto” “de parar”? ¿Con qué tememos encontrarnos? Hay que poder y saber estar con uno mismo!

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