Un cuento de cazadores

Moisés Santillán / Cinvestav Monterrey

El Sol sale por el horizonte emitiendo una luz rojiza que inunda el valle poco a poco. Sobre el acantilado se alcanza a ver un campamento de cazadores.

Pasaron la noche ahí mismo, sin fogata para no alertar a los mamuts que pronto deberán de cruzar el valle. Pesadamente, el cazador que está de guardia se levanta y despierta a los demás. Tiritando de frío se aproxima al borde para echar un vistazo al estanque cercano. Un gesto de frustración se dibuja en su rostro cuando no ve animal alguno abrevando; y peor aún, cuando al otear el horizonte no percibe ninguna señal de la gran manada que esperan. Decepcionado se vuelve hacia sus compañeros que fijamente han seguido cada uno de sus movimientos e impacientes esperan respuesta. Voltea las palmas de las manos hacia arriba, levanta los hombros y tuerce la boca. No necesita decir nada. Los demás entienden. Sin muchas ganas, todos se levantan, se estiran, y se preparan para probar bocado. Pero sólo un poco. No han traído mucha comida, pues en la aldea les quedan muy pocas provisiones, y tienen que racionarla. Como se ven las cosas, quién sabe cuánto más tendrán que esperar.

A diferencia del resto de las tribus, ellos no han seguido a los mamuts a lo largo de su migración anual.

A diferencia del resto de las tribus, ellos no han seguido a los mamuts a lo largo de su migración anual. Saben con certeza que una gran manada pasará dentro de poco al pie del acantilado. Cada año, conforme las noches se van haciendo menos frías y los días más largos, poco después de que el Sol sale detrás de la cima de la montaña con forma de cono truncado en la cordillera oriental, empieza la temporada de lluvias. Y con las lluvias regresan los mamuts que van hacia el Norte, siguiendo la ruta de abrevaderos recién repletos. Por generaciones, los cazadores de su aldea han usado estas señales para esperar y emboscar a los mamuts en este punto estratégico, y siempre con muy buenos resultados. Esta cacería le permite a la aldea reabastecer sus mermadas provisiones, y sobrevivir hasta que las plantas que han nacido con las lluvias tengan semillas y moras maduras, y los árboles frutos y nueces comestibles. Siempre ha sido así. Este año no tiene por qué ser diferente.

Desde tiempos inmemoriales, los homínidos adquirieron las capacidades de caminar erguidos, dominar el fuego, y construir herramienta de madera y piedra. Todo esto les permitió suplir sus carencias físicas (comparados con otras especies animales), y de esta forma sobrevivir formando pequeñas bandas de cazadores recolectores. Por millones de años se fueron acumulando cambios evolutivos, y nuevas especies de homínidos aparecieron, pero la estrategia básica de supervivencia cambio poco. Sin embargo, hace no más de diez generaciones ocurrió un cambio aparentemente no tan drástico, pero con resultados notables. Los integrantes de una banda de cazadores recolectores desarrollaron en muy poco tiempo un lenguaje sofisticado. Con él, pudieron ya no sólo comunicar ideas básicas, sino conceptos abstractos. Y esto, trajo consigo grandes consecuencias.

Se está acabando el día, y sigue sin haber señal de los mamuts.

Desde la perspectiva de los sistemas complejos, la evolución de las sociedades humanas es un fenómeno multiescala. En la escala más fina están los individuos, en la escala más gruesa están los grupos humanos (bandas, aldeas, tribus, etc.), y la dinámica de estos últimos es una propiedad emergente de las interacciones entre individuos. Así, las interacciones mediadas por un sistema de comunicación mejorado dieron lugar al surgimiento de la cultura, y ésta a su vez sirvió como agente aglutinante que permitió la organización de los seres humanos en sociedades más numerosas y competitivas. Algunas de las primeras cosas en quedar registradas en el acervo del conocimiento colectivo fueron: que las estaciones se suceden con sorprendente regularidad y su inicio se puede predecir contando los días y observando las trayectorias del Sol, la Luna y los planetas; y que el comportamiento de los animales migratorios está fuertemente correlacionado con el paso de la estaciones. Gracias a este conocimiento, la tribu de los cazadores pudo establecerse en aldeas, aún a sabiendas de que los alimentos escasean por temporadas. Por ejemplo, ahora que acaba de terminar la temporada de sequía, sus almacenes están casi vacíos; pero no importa, ellos saben que cada año los mamuts llegan al valle donde habitan justo después de las primeras lluvias. Ni siquiera se imaginan nuestros cazadores que, en el futuro, estas mismas habilidades serán las semillas a partir de las cuales crecerán la Ciencia y la Filosofía; y que gracias a estas disciplinas, los humanos serán una de las especies más influyentes en la Tierra. A decir verdad, no sólo lo ignoran, sino que francamente no les interesa. Por ahora, tienen cosas mucho más importantes de qué preocuparse. Se está acabando el día, y sigue sin haber señal de los mamuts.

¿Tendrá que ver con que el clima ha estado cambiando últimamente?

¿Qué hicieron mal? Llevan ya media luna esperando a los mamuts y no se ve para cuándo pueden llegar. Nunca habían tenido que esperar tanto. ¿Tendrá que ver con que el clima ha estado cambiando últimamente? Los inviernos ya no son tan fríos como solían ser. Como sea, los mamuts tienen que llegar. La supervivencia de la aldea depende de ello. El Sol está por ocultarse detrás del campamento. Pronto estará oscuro. Un viento fresco sopla sobre el valle y trae consigo el olor a tierra húmeda. Los músculos de los cazadores están adoloridos por la falta de movimiento. Pero esto no es nada en comparación con la decepción y la desesperanza que crecen en sus corazones minuto a minuto. Todo parece indicar que este año regresarán a casa con las manos vacías. Repentinamente, cuando la mayoría había perdido la esperanza, uno de los cazadores apunta a una pequeña nube de polvo en el horizonte. Todos miran atentamente, sin pestañear siquiera. ¿Serán los mamuts? Después de un par de horas de lenta espera, finalmente pueden distinguir a los animales que vienen al frente. Sus plegarias han sido respondidas, una pequeña manada de mamuts se puede identificar a pocos miles de pasos de distancia.

Los cazadores pudieron traer algo de comida a casa, lo suficiente para que la aldea sobreviva hasta la siguiente estación. ¡Pero a qué precio! No sólo los mamuts llegaron más tarde de lo esperado, sino que la manada era muy pequeña, los animales eran bastante jóvenes, estaban hambrientos y eran demasiado agresivos. La aldea perdió a cuatro de sus mejores cazadores. Necesitan urgentemente hacer uso de todos sus conocimientos y habilidades para entender qué está pasando, y con base en ello decidir cómo han de adaptarse a los nuevos tiempos. De lo contrario, su sobrevivencia estará en riesgo. C2

 

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Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 3. Investigador titular en

Físico de formación, biofísico y biomatemático de profesión, científico por vocación, y con interés por la filosofía y la historia de la ciencia.

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