Un homenaje tropical a Sherlok Holmes

Dalina Flores Hilerio

 

Una de las ferias internacionales de libros más importantes en Latinoamérica es, sin duda, la FIL Guadalajara.

Donde, año con año, podemos encontrar no sólo a las editoriales con más presencia a nivel mundial, sino también editoriales independientes, de arte, autores con publicaciones propias, espectáculos diversos en torno a la palabra, y todas las posibilidades letrísticas que puedan caber en la palabra etcétera. En teoría, todo es un agasajo.

El pasado mes de noviembre tuve la oportunidad de asistir por tercera vez a este maravilloso carnaval de los libros y, en contra de mis expectativas, mi experiencia no fue tan satisfactoria como en visitas anteriores. En primer lugar, la disposición de los stands era confusa: supuestamente hay una zona (que esta vez estaba más reducida que en anteriores) de literatura infantil donde se ubican editoriales especializadas; sin embargo, la mayoría ofrecía sólo libros didácticos y juguetes. Por otra parte, encontré libros infantiles maravillosos en los stands colocados fuera de esa zona, como en Edelvives, El Naranjo, Castillo, F.C.E., Alfaguara, Urano. Eso me resultó un poco complicado, pero no tan desesperanzador como mi segunda objeción: el ambiente general de la feria era de vendimia y parafernalia más que de estímulo intelectual (como lo ofrecen otro tipo de ferias más pequeñas). Los stands de Planeta y Océano, por ejemplo, estaban atiborrados de bookstars donde, según percibí, era más importante el look del escritor en cuestión que los propios libros. En fin, que me quedé con la impresión de que cada vez esta feria se parece más a una Expo tu boda, llena  de glamour y ornamentación, que a un espacio donde se promueva la mirada crítica, el gozo estético, el diálogo y la reflexión en torno a la escritura.

Debo aclarar que me es muy difícil moverme dentro de multitudes, por lo que, a pesar de que fui todos los días a la Feria, no pude asistir a todos los eventos que se ofrecieron, y que el hecho de que a mí no me guste la literatura comercial no quiere decir que no haya públicos muy agradecidos con la FIL de Guadalajara, porque es evidente que su oferta es muy ecléctica. Y justo acá es a donde quiero llegar: tuve la fortuna de estar en la presentación de dos libros maravillosos que hicieron que todo mi viaje valiera la pena.

Francisco Haghenbeck /Foto: Reforma

El primero de ellos es el homenaje que un selecto grupo de escritores mexicanos realizó al emblemático personaje de Conan Doyle, convocados por el prolífico Francisco Haghenbeck. En Elemental, mi querido Holmes, título de la divertidísima e intertextual antología, once extraordinarios narradores ofrecen historias donde vemos la presencia de un detective totalmente asimilado a sus respectivos universos. En cada relato, los autores se regodean con la reconstrucción de sendos Holmes que, a pesar de conservar su peculiar personalidad y sentido del humor, se tropicalizan.

Quisiera apuntar que al utilizar este adjetivo no pretendo hacerlo de manera despectiva, como se ha popularizado sobre todo en las Ciencias Sociales; más bien al contrario: me parece que darle un giro latino y regional a un personaje tan universal, como ha sido a través de muchas generaciones el lucidísimo Sherlock Holmes, es una experiencia lúdica y compleja que atrapa al lector de una manera muy emotiva, lo que es, además, una actitud muy propia de la naturaleza latina.

Pero más allá de este proceso de recreación (en sus dos sentidos: diversión y volver a crear), la belleza del libro y su concepto lo convierten en una de las joyas de la literatura mexicana que no debe faltar en ninguna biblioteca; es una lectura no sólo adecuada sino obligada para lectores de cualquier edad y formación lectoliteraria. Si somos fervientes lectores de las aventuras de Sherlock Holmes, sin duda encontraremos una manera de perpetuar nuestro universo; si es el primer acercamiento con el complejísimo y seductor personaje, cada relato nos proveerá de recursos para engancharnos más a él.

Con trazos precisos, la primera historia funciona como una introducción a la vida del afamado detective, donde Edgar Clement presenta el espíritu esquizoide del personaje y la relación con su autor. El segundo relato, riguroso y encantador, nos muestra, a través de la pluma de Antonio Malpica, a un jovencísimo detective que se involucra en una historia demoniaca y religiosa, desde la que podemos iniciarnos en el carácter que define el complejo universo emocional de Holmes.

“La verdad no siempre está en los ojos, sino en los zapatos”

Cecilia Eudave nos hechiza con una narración al estilo clásico de Doyle, donde Malone, el aprendiz del profesor Challenger (investigador de lo paranormal y antagonista de Holmes), busca al clásico detective para pedirle que investigue sobre el posible secuestro del profesor Challenger. Utilizando sus habilidades deductivas clásicas, el personaje reconfigurado por Eudave nos revela que “La verdad no siempre está en los ojos, sino en los zapatos”. En el siguiente relato, César Silva cuenta, desde la omnipresente y tradicional voz de Watson, una historia posterior a la supuesta muerte de Holmes, en la que Joseph Bell lo confunde con el desaparecido personaje y le pide que lo ayude a resolver la repentina muerte de su prometida. Watson demuestra que la observación y los detalles son el secreto para resolver cualquier crimen.

En un giro inusitado, Magali Velasco corre el riesgo (bien librado) de ubicar al exquisito Holmes en territorios veracruzanos y, a través de la epístola, como recurso, conocemos el intercambio de información que llevan a cabo dos amigos, exmiembros del Club Holmes, quienes van descubriendo la realidad que se esconde tras la figura de una encantadora dama de la alta sociedad, muy al estilo de Doyle. Ya ubicados en México,  Haghenbeck plantea, desde la narrativa gráfica, los detalles del método deductivo de Sherlock Holmes aplicados en la resolución de un asesinato, donde apreciamos la función de la prensa en la presentación de los hechos y la forma en que los detalles se desenredan a través de la intervención del famoso detective.

La historia fabulada por Andrés Acosta es una de mis preferidas.

La historia fabulada por Andrés Acosta es una de mis preferidas pues, a partir de indicios muy peculiares, nos cuenta lo que sucedió después de la desaparición del detective, luego de que se arrojó con su archienemigo por las cataratas. Sin traicionar el espíritu narrativo de Doyle, el autor mexicano ubica al personaje en medio de un pleito de cantina donde deberá echar mano de sus habilidades deductivas. Por su parte, el relato de Iván Farías también es fascinante porque, como Acosta, ubica a un Holmes ya retirado en su finca que, a punta de pistola tiene que regresar a sus afanes investigativos obligado por su hermano y la corona británica; en primera persona, Holmes escribe una larga misiva a Watson en la que se entretejen pasajes históricos y biográficos a través de escenarios que vinculan a México y Estados Unidos.

A partir de elementos muy evocativos, Karen Chacek introduce a una extraña dama quien, en primera persona, nos relata un episodio de su vida, mientras charla con Watson y Holmes en espera de que sus hijos la recojan del asilo en que se encuentra. A lo largo del instante, los tres personajes comparten ideas trascendentales sobre la existencia. Finalmente, como cereza para el pastel, el excepcional relato de Naief Yehya ficcionaliza la relación que tenía Doyle con el espiritismo y el desenlace de las aventuras de Sherlock Holmes; como se ha sabido, el escritor británico se sentía abrumado por la furia del éxito de su personaje a quien decidió eliminar, a pesar de los embates que su espíritu le terminaría produciendo.

Elemental, mi querido Holmes, es un amoroso y merecido homenaje…

Elemental, mi querido Holmes, libro editado por la Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, es un amoroso y merecido homenaje rendido por este grupo de escritores que nos demuestran, una vez más, la contundencia de su narrativa, pero sobre todo, su sorprendente capacidad de lectores, formados en la tradición detectivesca que inauguró el inigualable sir Arthur Conan Doyle quien, cuentan las malas lenguas, podría ser sometido a diferentes niveles de sospecha post morten debido a que algunas investigaciones recientes lo relacionan con una de las historias criminales más truculentas del Reino Unido. Pero eso es otra historia. C2

 

 

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Se doctoró en Estudios de la cultura, por la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde también obtuvo el grado de maestra en Lengua y Literatura Hispánicas. Se desempeña como profesora e investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y en el Tecnológico de Monterrey. Es autora de un libro de cuentos: Historias para leer en lunes (2010).

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