¿Átomos y placer? Pues sí. Esta es parte de la historia de cómo una concepción atomista de la materia llevó a grandes filósofos a concluir que lo más importante en la vida era la búsqueda del placer.
Epicuro, filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo.
Epicuro, filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo.

Empecemos con Epicuro.  La mayoría de las personas asocian a Epicuro con el placer, pero con un placer muy distinto de aquel en el que el filósofo pensaba en el siglo IV antes de la era cristiana. El concepto de átomos de Demócrito, como partículas sin otras cualidades que su tamaño, forma y peso, fue el punto de partida para que Epicuro construyera su concepción del universo y su filosofía de vida. Pensaba que los átomos, en constante movimiento, colisionaban unos con otros y que en ciertas circunstancias, los cuerpos formados como resultado eran de gran tamaño. Pensaba que tanto los más grandes astros observables -el sol y la luna- como los más pequeños granos de arena, estaban hechos de átomos. Todo lo observable, a todas las escalas, incluido el hombre mismo, estaba compuesto de átomos. Esta concepción implicaba que los cuerpos celestes no eran divinidades, ni estaban guiados por los dioses a través del vacío. Eran simplemente grandes conglomerados de átomos, cuya existencia era consecuencia de los mismos principios de creación y destrucción que toda la naturaleza. Epicuro se daba cuenta de que ésta era muy compleja, pero pensaba que era posible entender algo de sus elementos constitutivos y de sus leyes universales. Y sostenía, que tal entendimiento es uno de los mayores placeres humanos. De acuerdo a Stephen Greenblatt [1]este placer es posiblemente la clave para entender el impacto tan poderoso que tuvo su filosofía: abrió la puerta a una interminable fuente de gratificación que estaba escondida dentro los átomos de los que hablaba Demócrito. Epicuro empleaba palabras sencillas para captar una audiencia lo más amplia posible. Decía que no era necesario comprender en detalle las leyes del universo. Bastaba con entender que existía una explicación para todo, aunque no la supiéramos, y que esa explicación inevitablemente, nos llevaría a los átomos. Bastaba con saber que en todo lo que nos rodea, sólo hay átomos y vacío y nada más. Para cualquiera que pudiera creer en este sencillo hecho de la existencia: átomos, vacío y nada más, la vida cambiaría. Ya no temería haber ofendido a Apolo, ya no temería desatar la furia de Zeus. Y sobretodo, ya no temería sufrir horribles castigos después de la muerte. Liberado de la superstición, el hombre podía ser libre de buscar el placer.

La reivindicación de que el objetivo último de la vida es el placer era un escándalo tanto en la época de Epicuro como en los siglos que siguieron. Sus opositores inventaron historias de decadencia alrededor del filósofo, como que se hartaba de comida hasta vomitar, historias de libertinaje apoyadas en el inusual hecho de que incluía a mujeres entre sus seguidores. De estas historias de decadencia, viene lo que popularmente se entiende por Epicureísmo. Nada más lejos de la verdad. Epicuro explícitamente escribió que no se refería a los placeres sensuales, a la bebida, ni a las delicias gastronómicas. La búsqueda por satisfacer estos deseos, pensaba, no puede llevar al estado de paz mental necesario para un placer duradero. El filósofo vivía una vida modesta y tranquila en su jardín de Atenas y apremiaba a sus estudiantes a vivir con frugalidad.

Tito Lucrecio Caro (99 a. C. - 55 a. C.), poeta y filósofo romano.
Tito Lucrecio Caro (99 a. C. – 55 a. C.), poeta y filósofo romano.

Lucrecio, el gran filósofo y poeta romano, fue el máximo expositor de las ideas de Epicuro en el mundo romano. Vivió en el siglo anterior al comienzo de la era cristiana. Su filosofía constituye una impresionante intuición de la física del universo. Lucrecio creía que toda la materia estaba compuesta por partículas elementales en un incesante movimiento, que tanto las rocas como los ríos, tanto los astros celestes como los animales, estaban compuestos por las mismas partículas en diferentes formas de organización. Que dichas partículas colisionaban unas con otras para formar distintos arreglos, distintos cuerpos. Todos perecederos. Y que todo el universo estaba en continua creación y destrucción. Las partículas que dejaban de formar parte de un cuerpo eran las mismas que más tarde componían otro. Lucrecio pensaba que las partículas elementales eran infinitas en número pero limitadas en forma y tamaño.

Lucrecio no usaba la palabra átomos, les llamaba por diferentes nombres, entre ellos, las semillas de las cosas. Así como las letras de un alfabeto se combinan para hacer palabras y oraciones de acuerdo a un código, decía, las semillas de las cosas se combinan entre sí para formar objetos de acuerdo a un código. Algunas de las semillas fácilmente se juntan con otras, otras se repelen y se rechazan. Así como no todas las letras pueden ser combinadas de manera coherente, tampoco pueden hacerlo las partículas. Lucrecio no sabía cuál era el código que hacía que las partículas se juntaran o se separaran, pero insistía en que lo importante era entender que había un código y que éste podía ser investigado y comprendido por la ciencia.

También afirmaba que todas las partículas están inmersas en el vacío. El vacío es lo que  permite que las partículas se muevan, colisionen, se combinen y se separen.

Rerum Natura de Lucrecio
Rerum Natura de Lucrecio

Para nosotros muchas de estas afirmaciones son una verdad inalienable. Pero en aquellos tiempos, cuando la mayor parte de las personas creía en el panteón de los dioses romanos y nadie tenía la menor posibilidad de probar la existencia de los átomos, Lucrecio, con una belleza y una maestría admirada por los mejores latinistas, escribió un poema: De Rerum Natura. En él expuso sus ideas, basadas en las de su maestro griego Epicuro.

Su tesis central es que todo lo que existe es el resultado de un pequeñísimo movimiento, completamente aleatorio en tiempo y lugar, que desvía a las partículas de su trayectoria recta. Si todas las partículas se movieran en el vacío en líneas rectas, como gotas de lluvia, nunca nada podría existir. Pero ese pequeñísimo movimiento aleatorio es suficiente para garantizar colisiones incesantes. Todo lo que existe en el universo, existe por las colisiones aleatorias de estas partículas diminutas. Este sesgo aleatorio es el más mínimo de los movimientos, pero es suficiente para poner en marcha la cadena de colisiones que lleva a las combinaciones y recombinaciones de partículas en un movimiento sin fin. Más aún, Lucrecio pensaba que este pequeño viraje aleatorio era el origen del libre albedrío, ya que si todos los movimientos estuviesen predeterminados en una larga cadena temporal, no habría posibilidad alguna de libertad, todo estaría predestinado.

Veinte siglos antes de que Bohr, Schrödinger, Heisenberg, Pauling y Dirac, entre otros, desarrollaran la mecánica cuántica, teoría que es intrínsecamente no causal, Lucrecio estaba convencido de que la naturaleza estaba gobernada por el azar. El progresismo de este pensamiento es sorprendente, ya que si algo nos cuesta trabajo como humanos es entender que la naturaleza no es causal, dado que a nuestras escalas de tamaño y velocidades, el movimiento claramente lo es [2].

Al creer que todo estaba gobernado por un minúsculo movimiento azaroso, se seguía de manera lógica pensar que la existencia no tenía un propósito. El mundo funcionaba por el azar, sin necesidad de intervención divina.

Lucrecio fue visionario en más de un área del conocimiento. Pensaba, por ejemplo, que todos los seres vivos han evolucionado por una larga cadena de prueba y error. Que el proceso ha involucrado salidas en falso y callejones sin salida, errores, monstruos, criaturas que no podían competir por recursos o no podían reproducirse. Las criaturas cuya combinación de órganos les permitía adaptarse y reproducirse, tenían éxito estableciéndose en el mundo hasta que las circunstancias les hicieran imposible sobrevivir. Pensaba que las adaptaciones  exitosas y los fracasos eran el resultado de un increíble número de combinaciones que se generan constantemente. Lo que se crea, pensaba, da lugar a su propia función. La vista no existía antes que los ojos, ni el lenguaje antes que la lengua. Estos órganos no se crearon para satisfacer un propósito, su utilidad permitió sobrevivir y reproducirse a las criaturas en que surgieron.

Lucrecio afirmaba que los humanos no ocupamos un lugar privilegiado en la existencia. Gracias a la abundancia de materia, hay un número enorme de combinaciones posibles y cada individuo es único. Pero lo mismo sucede para los individuos de cualquier otra especie, o si no, dice Lucrecio, ¿cómo podemos imaginar que una vaca reconoce a su ternera? Hay que mirar atentamente para darse cuenta de que las experiencias más intensas y conmovedoras de nuestras vidas no son exclusivas de nuestra especie.

La vida en la tierra es todo lo que los humanos tenemos, decía Lucrecio. No hay vida después de la muerte. Cuando estés muerto, las partículas que te componían se separarán, no habrá ni placer ni dolor. Por tanto, la meta más importante del ser humano es la reducción del dolor y la búsqueda del placer. La vida debería estar organizada alrededor de la búsqueda de la felicidad. No hay propósito ético más grande que facilitar esta búsqueda para uno mismo y para los demás. Las necesidades de los humanos son simples, decía. Si no nos damos cuenta de esto, tendremos una lucha vana y estéril para tener más y más. La codicia sólo reduce la posibilidad de ser feliz.

Gian Francesco Poggio Bracciolini, humanista italiano.
Gian Francesco Poggio Bracciolini, humanista italiano.

El poema de Lucrecio cayó en el olvido por varios siglos y fue redescubierto en la edad media por un florentino apasionado del mundo clásico y obsesivo cazador de libros antiguos: Poggio Bracciolini. La vuelta al mundo de De Rerum Natura fue fundamental para el pensamiento de la época e hizo una enorme diferencia en cómo el mundo se desarrolló a partir de entonces [1].

No es de extrañar que la iglesia católica haya hecho todo lo posible por suprimir las ideas de Lucrecio. Casi diez y siete siglos después de la vida del filósofo, uno de los posibles cargos contra Galileo, que finalmente no fue usado en su juicio, era su creencia en el atomismo.

El nacimiento de Venus de Botticelli.
El nacimiento de Venus de Botticelli.

Lucrecio no era sólo un físico de la antigüedad, Lucrecio era un poeta; y un poeta hace metáforas. Así que Lucrecio, en una aparente contradicción con sus creencias de que los dioses son indiferentes a lo humano, comienza el poema con un himno a Venus, la diosa del amor. El himno es tan seductor, tan hermoso, que siglos más tarde llevó a Botticelli a pintar el maravilloso cuadro del nacimiento de Venus.

De Rerum Natura contribuyó a forjar el pensamiento de hombres como Giordano Bruno y Galileo, e influyó en muchas otras mentes de artistas y pensadores que transformaron el medievo en renacimiento y con ello abrieron un nuevo camino a la belleza y a la razón. C2


 

Referencias

[1] Stephen Greenblatt es un académico de Harvard que escribió un libro de no ficción, llamado The Swerve, que es tan divertido como si de ficción se tratase. Un libro que narra la historia de Poggio Bracciolini y de las razones y especulaciones de cómo su descubrimiento llevó a un mundo moderno. Un libro que compendia las ideas de Epicuro y de Lucrecio expuestas en este artículo. Un libro que no hay que perderse, bien documentado, lleno de anécdotas de las cortes papales, escrito con un enorme amor por el conocimiento y la literatura. Un libro que nos invita sobre todo a ser Epicureístas,  a vivir en la búsqueda del placer.

[2] Un excelente artículo sobre la no-causalidad apareció en el número 4 de C2. Ver No-Causalidad y Mecánica Cuántica, por Víctor Romero Rochín.

Sobre el autor

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 3. Profesor Titular C en | Website

Sus intereses científico/académicos son: comportamiento de fluidos pulsados de la nano a la macroescala y sus aplicaciones a problemas biológicos y médicos. Le encantan la ciencia en general, la literatura, los viajes, la música y la filosofía.

POR:

eugenia.corvera@gmail.com

Sus intereses científico/académicos son: comportamiento de fluidos pulsados de la nano a la macroescala y sus aplicaciones a problemas biológicos y médicos. Le encantan la ciencia en...

2 Comentarios

    • Rosa Maria -

    • 19 mayo, 2018 - 08:23 am

    La vida está llena de pensadores extraordinarios, observadores y escritores que nos provocan a leer y a informarnos más sobre la creación y el objeto del saber para qué estamos aquí, todos deberíamos pensar que el objeto es la felicidad …. Y que la felicidad es la simpleza.

  1. muchas gracias por compartir esto. Te hace ver que hubo grandes genios que no conocemos. Definitivamente, voy a conseguir “The Swerve”.

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