Ella trae la lluvia, una novela social para lectores sin prejuicios

Dalina Flores Hilerio / Facultad de Filosofía y Letras, UANL

Algunas disciplinas que tratan de explicar las razones del rechazo que sienten algunos grupos por otros aseguran que se debe al miedo intrínseco hacia lo desconocido.

Tal como parece sostener un célebre aforismo: “más vale malo conocido, que bueno por conocer”, nos aferramos a las estructuras que sentimos más cercanas aunque estén a punto de derrumbarse. Acercarse al otro para entrar en contacto real con su “otredad” pareciera uno de los retos más complejos de nuestros tiempos, pero también, uno de los más urgentes.

Algunas propuestas literarias presentan historias donde la diversidad social desempeña un papel protagónico.

Algunas propuestas literarias, quizás voluntariamente, han incidido en presentar historias donde la diversidad social, la “diferencia”, desempeña un papel protagónico, no con fines dogmáticos, sino como un detonador para que el lector se haga preguntas sobre los paradigmas que determinan sus prácticas culturales. Para algunos críticos, que buscan la pureza del arte por el arte, esta “intencionalidad” pudiera sentirse forzada o colonizadora, sin embargo, hay escritores, sin importar que la industria editorial los catalogue como infantiles o juveniles, que no dejan a un lado la dimensión estética de la obra literaria pues, sin duda, toda forma condiciona el fondo y viceversa.

En nuestro afán por perseguir a las “grandes plumas” de la comarca, a veces apuntamos nuestra mirada hacia otros continentes, sin darnos cuenta de la belleza y el valor que tenemos frente a nuestros ojos. Al alcance de la mano. Para sentirnos partícipes del ambiente intelectual y literario andamos tras el canon y, una vez que leímos Crimen y Castigo, Los miserables o El luto humano, nos sentimos satisfechos de tener una mirada comprometida con los contextos sociales, como si en la literatura catalogada como infantil o juvenil no se pudieran explorar también estas experiencias comprometidas.

Martha Riva Palacio Obón es una escritora mexicana contemporánea que ha cimbrado la literatura considerada como infantil y juvenil porque su obra (lejos de ser sólo para niños o jóvenes) ofrece al lector la posibilidad de hacerse preguntas muy profundas sobre la condición humana, mientras estimula su percepción sensorial y emocional. Sus tramas se distinguen por abordar temas polémicos, pero sin estridencia; al contrario: los conflictos se presentan con naturalidad pero también con lucidez, por lo que los lectores de cualquier edad precisan recurrir a sus propias experiencias y modelos axiológicos para co-construir los sentidos de cada una de sus lecturas.

En Las sirenas sueñan con trilobites, Riva Palacio plantea la compleja psicología y vida emocional de su protagonista, una niña acosada por la violencia del novio de su madre a través de alegorías marinas que nos permiten, como lectores, reconocernos en sus clasificaciones de “seres marinos”. En Frecuencia Júpiter, Emilia es una joven que ha quedado en coma luego de un terrible accidente. En medio de la incertidumbre lucha, con y contra sus recuerdos, para salir del estado en que se encuentra; en ese proceso, los lectores reviviremos la angustia de habitar una ciudad atormentada por el crimen y la violencia contra las mujeres. Buenas noches, Laika presenta, desde una aparente ingenuidad infantil, el enamoramiento de un niño que no entiende algunos aspectos urgentes de su realidad, no porque no pueda, sino porque los adultos construyen un mundo de muros que mantienen a raya a los pequeños. El asunto de Ella trae la lluvia, editado por El Naranjo, es tan complejo como los anteriores, así como los elementos lúdicos del planteamiento de su trama.

Ella trae la lluvia
Ella trae la lluvia

El juego es fundamental para construir la ficción, donde conviven seres mitológicos y oníricos junto a seres humanos que no son iguales. Socialmente no son iguales. Y la revelación sobre las condiciones de esas reglas sociales va mostrando al lector el absurdo de los prejuicios sociales. Estos paradigmas exhiben también los conflictos raciales, lingüísticos y emocionales que atraviesan las personas que se saben “diferentes” a sus congéneres. De manera magistral, Riva Palacio introduce al lector en la reflexión sobre la lengua y su prestigio, al confrontar a dos comunidades cuyos idiomas los determinan. No sólo se trata de un asunto racial, sino que la lengua creole, compuesta por “hilachos del portugués, francés, español y papiamento” se considera en la novela (y en la vida real) casi como un estigma que han de padecer sus usuarios frente a los hablantes del “español” puro.

La trama se desarrolla en una isla cuyo principal oficio es la pesca. La mayoría de los pobladores se dedican a ella enmarcados por un ambiente tropical; sin embargo, luego nos enteramos de que los diferentes conflictos armados de los países cercanos han expulsado a los habitantes que, sin control, y de maneras poco afortunadas, han llegado para quedarse en esa isla. Poco a poco sus asentamientos son más extensos en las zonas marginales de ésta. La mayoría de los isleños se sienten despojados frente a la inmigración y, regidos por un pensamiento mítico-mágico, consideran que los “invasores” son los causantes de todos sus conflictos (que se agravan en la medida en que muestran su escasa solidaridad hacia ellos).

Los conflictos sociales se derivan de la propia incomprensión sobre el mundo propio y el de los otros.

Cuando Teo, el joven protagonista, luego de que su tío (un isleño respetado y con autoridad moral sobre el pueblo) le prohíbe tener amistad con una pequeña inmigrante, decide oponerse a los dictámenes sociales. Pareciera que provoca situaciones extremas sólo para fastidiar al statu quo; sin embargo, los conflictos sociales se derivan de la propia incomprensión sobre el mundo propio y el de los otros. Se agudizan por la incapacidad de discernir la circunstancia de “los otros”. En un diálogo entre estos personajes se percibe la ironía y el miedo frente a esa realidad:

“–Cuando tienes diez peces y diez personas, todos comen. [Explica su tío a Teo]

Lo miré sin comprender.

–¿Y?

–Pero cuando tienes diez peces y veinte personas, ¿qué pasa?

“Empiezas a decir que la otra mitad está ahuyentando a los peces”. Pero como no podía decir eso, me mordí la lengua y no dije nada. […]” (27)

El conflicto, “entendido” desde el pensamiento mágico implica que no haya peces para nadie, ni siquiera para ser partidos por la mitad. 

En el fragmento, es obvio que, mientras el tío apela a “las matemáticas” para explicar que tener inmigrantes afecta a los pobladores originales, Teo “expone” (sólo piensa, no se atreve a confrontar directamente al tío con su sarcasmo) la versión que ha estado circulando entre los isleños: Los repudian no porque sean intolerantes, sino porque los extranjeros traen mala suerte. El conflicto, “entendido” desde el pensamiento mágico implica que no haya peces para nadie, ni siquiera para ser partidos por la mitad.

En medio de ese conflicto racial y cultural, el protagonista se enfrenta a su propia búsqueda de identidad para tener un cimiento que le ayude a formarse una perspectiva propia, pues él mismo es hijo huérfano de migrantes que se fueron de la isla para buscar algo más que la pesca, pero sólo encontraron la muerte. Por eso Teo regresa a vivir con su tío a esa isla que sólo le ha proporcionado adversidades y una pequeña amiga. Sin embargo, cuando llega Calipso, la niña muda y extranjera, los sueños de Teo empiezan a revelarle una realidad que lo lleva a confrontar las verdades de los isleños. Podríamos pensar que sólo se trata del encuentro del “primer amor” como un peldaño para alcanzar la madurez afectiva; sin embargo, los conflictos que presenta Riva Palacio son tan profundos que el protagonista tiene que luchar contra unos pilares tan obsoletos, arcaicos y absurdos que son imposibles de derribar.

La autora conecta el mundo de los sueños con la realidad.

La batalla de Teo se desarrolla en medio de elementos oníricos donde la fantasía es atravesada por una línea de realidad que lo conecta con las pulsiones reales surgidas de su inseguridad y sus miedos. Tal vez por su formación como psicóloga, la forma en que la autora conecta el mundo de los sueños con la realidad es una plataforma para configurar un personaje muy sólido, que busca, al mismo tiempo, encontrar el sentido a su propia vida, así como la lógica que rige el engranaje social. Mediante esta búsqueda, Teo muestra que “las verdades” sociales, que condicionan las prácticas culturales, siempre pueden ser confrontadas desde la empatía y el respeto.

La metaforización es un recurso literario presente en toda la novela, de manera que la sensibilidad lírica de la autora encuentra formas privilegiadas, regidas por la exaltación emocional, para presentarnos situaciones que ilustran lo más bajo de la condición humana. En la figura de los perros de Escila (Kachós rush, perros rojos) percibimos la identidad monstruosa, nutrida del miedo, que se apodera poco a poco de los lugareños y los conduce a violentar irracionalmente a los otros. Estos perros se alimentan de la “verdad” mítica disfrazada de “conocimiento incuestionable”: Los criollos espantan a los peces, se los roban y por eso la otredad es una amenaza. El enemigo es aquel a quien no se comprende, y por ello es preciso aniquilarlo. La esperanza de Teo se diluye ante la fuerza de una tradición que violenta la inocencia de los pequeños. Teo y Calipso, ajenos a los conflictos sociales, no saben de razas, de grupos marginales, de dominación y manipulación. Los chicos sólo quieren vivir.

A través de esta novela, la autora nos exige cuestionar nuestros paradigmas.

Y la vida parece que es imposible en un espacio donde reina el prejuicio y la descalificación a priori. Por eso, a través de esta novela, la autora nos exige cuestionar nuestros paradigmas para reconocer nuestros convencionalismos y ponerlos a prueba. No será una lectura afable ni pedagógica pues cada lector encontrará las verdades que pueda asumir. Así como es necesario, quizás, abolir el prejuicio que implica el adjetivo “juvenil” para ciertas literaturas que están más allá de una simple categoría editorial. C2

Se doctoró en Estudios de la cultura, por la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde también obtuvo el grado de maestra en Lengua y Literatura Hispánicas. Se desempeña como profesora e investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y en el Tecnológico de Monterrey. Es autora de un libro de cuentos: Historias para leer en lunes (2010).

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