El 5 de mayo de 1887, mientras en el México de Porfirio Díaz se celebraba el aniversario 15 de la Batalla de Puebla, en Transilvania el abogado Jonathan Harker, de acuerdo con su diario de viaje [1], se entrevistaba por primera vez con el Conde Drácula, después de un largo, cansado y accidentado viaje desde Londres hasta el castillo del noble rumano, en Los Cárpatos.

Durante la cena, entre otros temas, el abogado Harker cuestionaba a su anfitrión sobre los fuegos fatuos, extrañas luces que observó en el camino a su castillo y que la tradición medieval asociaba a tesoros enterrados y presencias fantasmagóricas que los cuidaban. El Conde explicó a su huésped que sólo una vez al año estas luces nocturnas se dejaban ver, para anunciar los tesoros que los héroes patrios rumanos escondieron a los invasores austriacos. En la tradición sajona, estas luces evolucionaron en las Jack-o’-lanterns, las tradicionales calabazas iluminadas en la fiesta del día del Halloween.

Los fuegos fatuos, extrañas luces que la tradición medieval asociaba a tesoros enterrados y presencias fantasmagóricas que los cuidaban.

 

Sobre los fuegos fatuos muchas novelas del Gótico, como Drácula, se escribieron. Extrañas luces que emanaban de las bocas de los muertos [2]. Ya en el siglo XX, los teósofos pensaban que estas luces evidenciaban la existencia de cuerpos astrales y etéreos que se desprendían de los cadáveres, una creencia que es posible rastrear hasta el siglo XVII, asociada a médicos y alquimistas, herederos de Paracelso. Entre ellos destaca el médico belga Jan Baptise van Helmont [1579-1644], quien estudió la putrefacción de cadáveres en búsqueda de un solvente universal de la materia, el alkahest [3]. Creyente de la magia y de la existencia de la piedra filosofal, van Helmont continuó la obra de Paracelso en el uso sistemático de minerales para curar enfermedades, razón por la cual la Inquisición española lo juzgó por hereje y lo condenó a prisión domiciliaria de por vida. Acuñó el concepto de “gas”, que ahora todos usamos, a partir del estudio de la combustión y sustentó su convencimiento en una explicación química de la realidad a través de lo que llamó Filosofía Química. Fue pionero en el estudio de la fotosíntesis, de la digestión y de la acción ácida de los jugos gástricos, así como de otros procesos metabólicos.

Jan Baptise van Helmont [1579-1644], quien estudió la putrefacción de cadáveres en búsqueda de un solvente universal de la materia, el alkahest. Creyente de la magia y de la existencia de la piedra filosofal.
En particular destaca su trabajo sobre la orina humana, que experimentó consigo mismo, y que debió ser muy doloroso, pues retenía por horas la orina con el fin de analizar sus propiedades, entre ellas, la búsqueda de piedras…. no cualquier piedra, sino la filosofal. Fue, además, pionero en recomendar en sus escritos el diagnóstico de enfermedades a través de mediciones de propiedades de la orina, como la densidad. Sus estudios sobre la sangre y procesos de putrefacción lo llevaron a realizar experimentos con cadáveres y a formular la hipótesis de la existencia real de entes malignos que podían atacar a humanos, los Nosferatu. Se sabe del análisis de las notas de trabajo que preparó Bram Stoker para escribir su novela, que van Helmont fue modelo clave para configurar el personaje, ahora mítico, de Abraham van Helsing, destacado médico holandés, experto, como él mismo se describe, en ciencia esotérica y exotérica y némesis del Conde Drácula [4]. Van Helsing es el arquetipo victoriano del científico que derrota al longevo vampiro medieval.

La influencia de los estudios de la orina por van Helmont fueron decisivos para el descubrimiento del fósforo [5, 6], palabra de etimología griega que quiere decir portador de luz, asociado al planeta Venus en la astrología alquímica y, sobre todo, estrechamente correspondido, por sus orígenes putrefactos, con aquél que también era portador de luz, Lucifer. La primera publicación sobre el fósforo y sus propiedades luminiscentes data de 1676, cuyo autor George Caspar Kirchmaier, un profesor de retórica en Wittenberg, quien generó a partir de comunicaciones privadas de varios alquimistas que lograron producir fósforo mediante variantes de los métodos de van Helmont con orina putrefacta. La selección del nombre para esta sustancia no fue un tema trivial ni obvio para la tradición alquímica ni para la Química como ciencia moderna, pues otro elemento, el mercurio, era asociado a Venus y Lucifer. En los orígenes de la Alquimia, las creencias gnósticas jugaron un papel muy importante, como un universo religioso alterno al cristiano pero que compartía muchos elementos con éste, arreglados de otra forma. Así, Lucífer, en la tradición gnóstica, no tenía las connotaciones negativas que tiene en el cristianismo, y los alquimistas lo identificaban como una faceta más de Hermes Trimegisto, que se manifestaba en el mercurio. La búsqueda de este elemento en la materia putrefacta era entonces un hot topic de la Alquimia renacentista [7].

Robert Boyle (1627-1691) entró en escena como pionero en el estudio moderno del fósforo, pues fue él quien pudo precisar que el fósforo no era una forma luminiscente del elemento mercurio, sino otra sustancia.

Es aquí donde Robert Boyle (1627-1691) entró en escena como pionero en el estudio moderno del fósforo, pues fue él quien pudo precisar que el fósforo no era una forma luminiscente del elemento mercurio, sino otra sustancia. Boyle rompe la tradición alquimista de secrecía y tradición oral, plagada de símbolos gnósticos y astrológicos, y escribe en detalle sus descubrimientos sobre la obtención de fósforo de diversos minerales fosfatados, pero sin mencionar a Lucifer, Hermes Trimegisto o el planeta Venus como agentes de producción, sino a procesos fisicoquímicos llanos. Boyle sistematiza diferentes maneras de producir materia luminiscente a partir de materia putrefacta, siguiendo también a van Helsing, … perdón, van Helmont. Boyle usó para el fósforo el nombre alternativo de Noctiluca, que en latín significa “brilla en la noche”, y entre 1680 y 1682 publica sendas monografías sobre esta sustancia. ¿Por qué llamarle diferente? Se puede especular que dadas las connotaciones alquimistas del origen del nombre del fósforo y su asociación con el mercurio (y Lucifer), era importante distinguirlo como otro elemento. Sin embargo, “fósforo” resultó un nombre más sensual para la posteridad, quizá también porque es más fácil hablar de fosfatos que de “noctilucatos”, o de ATP en vez de “adenosín trinuctilucatos”.  En septiembre de 1680 Boyle entrega a la Royal Society, a manera de patente, un documento con recetas para la producción de fósforo a partir de orina humana, el cual se publica en una de las primeras revistas científicas, Philosophica Transactions (1693).  El interés de Boyle en el fósforo se mezcla con el de otros proyectos científicos del que fue líder y faro para otros contemporáneos suyos. Sus estudios sobre objetos luminiscentes radicaban en justificar una teoría mecánica de la luz, proyecto de máxima importancia para desentrañar los misterios del fenómeno del color y la producción de pigmentos a través de diversos minerales y sustancias vegetales [8]. Tanto Robert Hooke como Isaac Newton serían herederos de este proyecto boyliano, y, en particular, se sabe que entre 1679 y 1682 Newton escribió numerosas cartas a Boyle para exponerle su teoría corpuscular de la luz y pedir su opinión, en preparación de su obra magna Opticks [9].

El símbolo químico del fósforo es P y se encuentra en la Tabla Periódica con un número atómico de 15, peso molecular de 30.97376 y radio atómico de 93 pm. Su configuración electrónica es [Ne]3s23p3, esto es, tiene la estructura cerrada del Neón más 5 electrones adicionales en el nivel de energía 3, razón por la cual posee las valencias 3 y 5. El fósforo se da en varias formas alotrópicas de diferente color: blanco (o amarillo), rojo y negro (o violeta). El fósforo no se encuentra de manera libre en la naturaleza sino en compuestos minerales en rocas de fosfatos. Como sustancia pura es venenosa y no se debe tener una exposición mayor a 0.1 mg/m3 pensando en un tiempo de contacto de 8 horas diarias para una semana de 40 horas [10]. El fósforo blanco es muy reactivo y no debe tocar la piel. El fósforo rojo se produce del blanco por acción de la luz solar y es menos reactivo; se usa para cerillos, pirotecnia, pesticidas y en la industria del acero y vidrio. El fosfato trisódico, Na3P, es ingrediente de detergentes y suavizadores de telas. Uno de los usos más importantes es como fertilizante en agricultura en forma de P2O5. El fósforo en la actualidad es muy usado en la producción de LEDs (light emitting diode), en forma de fósforo azul [10]. Es el segundo mineral más abundante de nuestro cuerpo, requerido para huesos y dientes, en forma de fosfato de calcio, Ca3(PO4)2, y para el buen funcionamiento de los sistemas nervioso y muscular, así como en la filtración de residuos en la orina. El 85% del fósforo en nuestro cuerpo está en los huesos y dientes. El ATP (adenosín trisfosfato) es agente energético en procesos celulares y en la fotosíntesis, para la producción de azúcares a partir de CO2 y la luz solar.  El fósforo se encuentra en alimentos como leche, pescado, carnes rojas, huevos, papas, ajo y granos enteros. Se recomienda un consumo diario de 700 mg para adultos y de hasta 1250 mg para edades entre 9 y 14 años. Un trozo de salmón de 85 gramos contiene alrededor de 315 mg, un vaso de leche 247 mg y media taza de lentejas aproximadamente 178 mg [10].

¿Y qué quedó de aquellas luces fatuas que tanto intrigaban al abogado Harker? Apenas a fines del siglo pasado fue posible entender completamente los procesos de liberación de luz por materia orgánica putrefacta, que se originan de la interacción de los gases metano, CH4, fosfano, PH3, y difosfano, P2H4. Un ingrediente fundamental de este proceso en la producción de difosfano es la acción de microorganismos [11].

La próxima vez que usted festeje el Halloween no deje de sonreír contemplando las calabazas iluminadas con LEDs, extraña combinación de creencias alquímicas y de tecnología del siglo XXI. Al final de cuentas, en estos modernos fuegos fatuos vive escondido, como tesoro, el misterio del origen del fósforo y sus aplicaciones. El Conde Drácula no andaba tan extraviado. C2

 

Referencias

[1] Bram Stoker, Dracula, Penguin Classics, London, Reino Unido (2003).

[2] Leonard Wolf, The Annotated Dracula, Ballantine Books, Nueva York, E.E.U.U. (1976)

[3] Philip Ball, The Devil’s Doctor, Paracelsus and the World of Renaissance Magic and Science, Arrow Books, Random House Group, Londres, Reino Unido (2007).

[4] Barbara Belford, Bram Stoker, a Biography of the author of Dracula, The Orion Publishing Group, Londres, Reino Unido (1996).

[5] Michael Hunter, Boyle, Between God ans Science, Yale University Press, Londres, Reino Unido (2010).

[6] James R. Partington, The early history of phosphorus, Science Progress 30, 402 (1936).

[7] Carl G. Jung, Psicología y Alquimia, Plaza & Janes, Barcelona, España (1989). Para una discusión amplia sobre las interpretaciones alquimistas con relación al mercurio ver Carl G. Jung, Simbología del Espíritu, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, México (2010)

[8] John Gage, Colour and Meaning, Thames & Hudson, Londres, Reino Unido (1999).

[9] I. Bernard Cohen y Richard S. Westfall, Newton, W. W. Norton & Co., Nueva York, E. E. U. U. (1995).

[10] Para mayor información de propiedades y usos del fósforo se recomiendan las secciones sobre este elemento que tienen el Laboratorio Nacional de los Álamos ( http://periodic.lanl.gov/elements/15.html) y la Royal Society of London ( http://www.rsc.org/periodic-table/element/15/phosphorus). Para la relación del fósforo con la nutrición y salud, ver la página del Instituto Linus Pauling de la Universidad de Oregón, https://lpi.oregonstate.edu/mic/minerals/phosphorus.

[11] John Emsley, Science: Graveyard ghost are a gas, New Scientist 1878 (1993),

https://www.newscientist.com/article/mg13818782-700-science-graveyard-ghosts-are-a-gas/

 

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Sobre el autor

Universidad de Guanajuato

Profesor e investigador en el Departamento de Ingeniería Física en la División de Ciencias e Ingenierías de la Universidad de Guanajuato. Sus líneas de investigación son en Mecánica Estadística y Fisicoquímica. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III.

1 Comentarios

    • Pepe Méndez -

    • 6 marzo, 2019 - 18:14 pm

    ¡Qué vaciado!

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