La visión ácida de un ¿hipotético? futuro en Mexicoland

Dalina Flores Hilerio

Con la publicación de la saga Mundo Umbrío (2011-2015), el escritor mexicano Jaime Alfonso Sandoval dejó claro que no sólo es un gran contador de historias, sino un artífice puntual y meticuloso de universos narrativos complejísimos y fascinantes. La historia de Lina Posada se desarrolla en un espacio diseñado con una total integridad dentro de la lógica narrativa que recuerda (no por los temas ni su tratamiento, sino por la contundencia de la construcción ficcional) al mundo creado por Rowling en Harry Potter.

En 2018, el grupo editorial Random House, a través de su sello Montena, nos sorprendió con la publicación de Mexicoland, una novela en la que Sandoval concatena elementos narrativos muy precisos que hacen de ella una lectura atractiva y dinámica, pero también encontramos una gran lucidez en su planteamiento que nos lleva a disfrutarla, incluso a carcajadas,  mientras realizamos pausas para la reflexión profunda sobre los temas que el autor propone.

Con un dominio extraordinario del lenguaje y de un sentido del humor fresco y vivaz, el escritor mexicano expone la vida cotidiana de unos personajes que han de transitar por un país devastado por la violencia, la inseguridad, el machismo y la intolerancia, y por ello ha dividido su territorio: por un lado, una sociedad “civilizada” y organizada asépticamente, donde cualquier falta se castiga con ejemplar dureza; y por otro, los Territorios Perdidos, un lugar, casi mítico, a donde nadie quiere llegar pues está bajo el dominio del terror y la anarquía. Para evitar ser desterrados de México Nuevo, el territorio que asegura la paz y el progreso, los habitantes deben sujetarse a los caprichos de una bondadosa presidenta que administra el estado como si fuera una empresa.

A través de una serie de situaciones que, a pesar de parecer paródicas, nos llevan a reconocernos como en un espejo diseñado a partir del consumismo y las prácticas que ha impuesto en México, donde prevalecen la explotación y discriminación contra los pueblos originarios, Sandoval lanza al lector a experimentar los altibajos de una sociedad artificialmente organizada que se sostiene por la simulación y los discursos que pregonan los méritos de la civilización.

El escritor potosino, Jaime Alfonso Sandoval. (Roberto Alanís para Milenio)

El ritmo vertiginoso es un sello distintivo de la narrativa desbordada del autor, por lo que Méxicoland también es una novela que se lee con fruición. Mientras acompañamos, en medio de situaciones satíricas, a Temo, el protagonista, que desde un principio se queda huérfano y sin protección, nos vamos involucrando también en un crítica muy certera y puntual sobre la globalización y los procesos neoliberales que hoy distinguen a casi todos los gobiernos sobre la tierra; asimismo, el autor potosino hace un recorrido histórico por dos de las más grandes civilizaciones prehispánicas que distinguen a nuestra cultura: la azteca y la maya, y recrea un escenario donde las costumbres más ancestrales también se convierten en producto de cambio al servicio de una sociedad estratificada por castas y enajenada por el consumo.

El autor potosino hace un recorrido histórico por dos de las más grandes civilizaciones prehispánicas que distinguen a nuestra cultura: la azteca y la maya.

De forma magistral, en la novela se presentan elementos iconográficos de las culturas prehispánicas a través de los que también podemos reconocer aspectos sociohistóricos relevantes para comprender nuestra cultura y se sitúan en situaciones extremas donde las raíces culturales se convierten en una especie de atractivo turístico al servicio del poder y del consumo. Luego de distintas y extremas peripecias, Temo llega al parque de diversiones Mexicoland, donde deberá sobrevivir, literalmente, luego de integrarse a uno de los espectáculos para atraer al turismo extranjero.

La construcción del mundo ficcional es tan sólida que los lectores de inmediato firmamos el pacto ficcional y nos adentramos en la trama para acompañar a Temo en un recorrido lleno de situaciones extremas, peligrosas, heroicas, románticas y por supuesto, nos convertimos, a su lado, en parte de una terrible conspiración que deberemos resolver para sobrevivir.

Sin duda, leer Mexicoland es una experiencia que no podemos dejar pasar.

Un elemento muy atractivo en la construcción de Mexicoland es que, a pesar de ser una historia postapocalíptica que se aventura sobre el futuro, en ella reconocemos situaciones actuales que se derivan de prácticas ancestrales desde las que podemos cuestionarnos sobre nuestro pasado y nuestra identidad como mexicanos; en este sentido, es una novela total, por lo que, sin duda, leerla es una experiencia que no podemos dejar pasar para involucrarnos de forma divertida y crítica en la historia ancestral de nuestro país y en lo que no está lejos de sucedernos si seguimos por el camino neoliberal. C2

Sobre el autor

Se doctoró en Estudios de la cultura, por la Universidad Autónoma de Nuevo León, donde también obtuvo el grado de maestra en Lengua y Literatura Hispánicas. Se desempeña como profesora e investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL y en el Tecnológico de Monterrey. Es autora de un libro de cuentos: Historias para leer en lunes (2010).

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