El yodo es un elemento amigo. Si nos lastimamos y hacemos una herida, yodo disuelto en alcohol es un magnífico desinfectante, por lo que es común encontrarlo en los botiquines de primeros auxilios. Al aplicarlo, provoca un intenso pero pasajero dolor sobre la herida. Al pasar el dolor la sensación es de alivio. “Your saintly kisses reeked of iodine/ Your fragance with a fume of iodine/ And pity in the room like iodine” escribió Leonard Cohen en 1977 en su canción “Iodine”, inspirado por esa forma intensa de curar del yodo.

Pero no sólo es amigo porque cura. También nos ayuda a pensar. Nuestro cuerpo requiere yodo para funcionar. No necesita mucho, pero la deficiencia de yodo está relacionada con problemas cognitivos. Es por eso que es común que se agregue yodo a la sal de mesa (cloruro de sodio) y de ese modo, al agregar sal a sus alimentos, la gente ingiere el yodo que necesita.

El yodo se concentra en nuestro cuerpo de forma preferencial en la glándula tiroides

Con 53 protones en su núcleo, el yodo se encuentra en diferentes variantes dependiendo del número de neutrones que contenga. Cada una de estas variantes es un isótopo diferente, pero únicamente uno de ellos, el I-127 que tiene 74 neutrones, es estable. Cualquier otro isótopo del yodo puede romperse espontáneamente en lo que se conoce como un decaimiento radioactivo. Lo maravilloso del asunto es que todos estos isótopos tienen las mismas propiedades químicas, así es que los médicos se las ingeniaron para usar algunos isótopos del yodo y así detectar y curar enfermedades. El yodo se concentra en nuestro cuerpo de forma preferencial en la glándula tiroides, así es que si se inyecta en el cuerpo una solución de yodo con una pequeña cantidad de yodo radioactivo, es decir, de isótopos de yodo, esos isótopos se acumularán en la tiroides y desde ahí emitirán una señal radioactiva que puede ser detectada para formar una imagen de la glándula y ver si está funcionando correctamente. El isótopo ideal para esta aplicación es el que tiene 70 neutrones, ya que su emisión radioactiva no es demasiado dañina para el paciente. Ahora bien, si la glándula tiroides tiene un tumor que se desea eliminar, entonces puede utilizarse el isótopo I-131, que tiene 78 neutrones. Éste se acumulará preferentemente en el tumor, y al romperse dañará el tejido, afectando al tumor. ¡Gracias yodo!

Pero ahí no para el asunto: el yodo pareciera estar empeñado en proteger a la especie humana. Aunque no le gusta mucho el agua (porque es hidrofóbico), hay un poco de yodo disuelto en el mar. Cuando hay ozono (O3) cerca de la superficie del mar, reacciona con el yodo. Pero el ozono es un gas de efecto invernadero, es decir que cuando se encuentra en la parte baja de la atmósfera (tropósfera) contribuye al calentamiento global. Otra vez, el yodo viene en nuestra ayuda reduciendo la cantidad de este dañino gas. Se calcula que, globalmente, el yodo es responsable de disminuir la cantidad de ozono en la tropósfera en casi 10%, aunque localmente en algunos lugares puede reducir la presencia de este gas hasta en un 45% [M. Legrand et al. PNAS 115(48), 12136-12141].

 

Bernard Courtois

Todo esto no lo imaginaba Bernard Courtois en 1811 cuando accidentalmente descubrió el yodo. Courtois fabricaba salitre (una combinación de nitrato de potasio y nitrato de sodio), como materia prima para la fabricación de explosivos. Es posible obtener el salitre a partir de guano o de ceniza de madera, pero en un esfuerzo por diversificar la materia prima para fabricar salitre, Courtois experimentó con la ceniza de algas marinas. En algún momento del proceso, al agregar ácido sulfúrico, un vapor violeta surgió, el cual, al condensarse, formó pequeños cristales negros. Al ver esto, Courtois sospechó que estaba en presencia de un nuevo elemento, aunque no tenía ni el equipo ni el tiempo para comprobarlo, así es que recurrió a su amigo Joseph-Louis Gay-Lussac, quien confirmó que en efecto se trataba de un nuevo elemento y propuso el nombre de yodo, del griego ‘ioeides’ (violeta).

Para identificar al yodo como un nuevo elemento ayudó el hecho de que sus propiedades químicas son similares a las del cloro. En efecto, estos dos elementos se relacionan porque ambos son de la familia de los halógenos, el grupo VII A de la Tabla Periódica: flúor (F), cloro (Cl), bromo (Br), yodo (I), astato (At) y téneso (Ts). Los primeros cuatro son comunes en la naturaleza y el ser humano los ha utilizado ampliamente. Todos ellos poseen la característica de ser buenos desinfectantes, ya que son muy reactivos químicamente y, en abundancia, son muy dañinos para los seres vivos; de todos son bien conocidas las propiedades desinfectantes del cloro. Otra característica familiar para todo el mundo es la capacidad de los halógenos para formar sales al combinarse con metales alcalinos. De hecho, el nombre de halógenos significa “productores de sal”. La sal de mesa no es otra cosa que cloruro de sodio (NaCl), similar a los cristales negros que descubrió Courtois. El flúor, como el yodo, es importante en los procesos cerebrales, y también tiene consecuencias graves la falta de este elemento en nuestra dieta. Así es que de forma análoga a como se agrega yodo a la sal como complemento alimenticio, el flúor también se agrega al agua en algunos países o a otro tipo de alimentos.

Todas las propiedades y características hasta aquí descritas sobre el yodo no pueden sino generar empatía por este benigno elemento. Pero por si todo esto pareciera poco, este fiel camarada tuvo además la puntada de participar en uno de los más significativos desarrollos tecnológicos del hombre: la fotografía. En efecto, Louis Daguerre realizó sus primeras fotografías a partir de placas de plata cubiertas por una película de yoduro de plata. El yoduro de plata es transformado en plata al ser expuesto a la luz, por lo que las placas de Daguerre formaban el negativo de la imagen proyectada sobre ellas [H. Aldersey-Williams, Periodic Tales, HarperCollins e-books 2011].

No cabe duda entonces que es justo considerar al yodo como un buen amigo, siempre cuidando de nosotros y siempre dispuesto a ayudar. El buen amigo yodo. C2

Sobre el autor

Cinvestav, Monterrey

Se doctoró en la UNAM, después de una estancia en el ESPCI/Paris. Realizó un posdoctorado en la Universidad de Twente, Holanda. Trabaja en el Cinvestav, Unidad Monterrey con líneas de investigación en materiales granulares y microfluídica.

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Se doctoró en la UNAM, después de una estancia en el ESPCI/Paris. Realizó un posdoctorado en la Universidad de Twente, Holanda. Trabaja en el Cinvestav, Unidad Monterrey con líneas de...

2 Comentarios

    • Héctor Alva -

    • 21 agosto, 2019 - 11:05 am

    El autor tiene el número de neutrones equivocado. Por ejemplo, el isótopo estable del yodo es el I-127 que tiene 74 neutrones. Los isótopos radiactivos que menciona son el I-123, que tiene 70 neutrones y el I-131, que tiene 78 neutrones. De tal forma que se conocen los isótopos desde el I-108 hasta el I-144, que tienen 55 y 91 neutrones, respectivamente.

      • Jesús Carlos Ruiz Suárez -

      • 22 agosto, 2019 - 08:19 am

      Muchas gracias por la observación. Se ha corregido el texto.

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